domingo, 12 de agosto de 2012

PELITO DE POTO

Muchas veces los aromas nos permiten evocar momentos vividos que de pronto regresan a nuestra mente para ubicarnos en algún lugar. Y ese mismo aroma nos alegra básicamente porque permite recordar momentos que quizá incluso hemos olvidado pero se quedaron grabados en nuestro subconsciente: Una compañía, una experiencia, una aventura, un lugar, el lugar donde vivimos, donde crecimos, donde jugamos, qué hicimos, etcétera.

Hace algunos días, dentro de mis caminatas itinerantes por las calles de Lima, el aroma de la leña ardiente de una pollería me hizo recordar muy gratamente a los días que pasé en la Selva allá por el año 1996. Sentir el olor al humo de la madera incandescente de pronto y sin motivarlo me transportó en retrospectiva a la basta y hermosa vegetación de nuestra selva peruana. Tuve la oportunidad de viajar al departamento de San Martín, específicamente a la provincia de Rioja, acompañado de grandes amigos para desarrollar actividades muy lindas producto de un programa de catequésis al que pertenecí entonces.

La tarea era ir en grupo, acompañados de un sacerdote, a las comunidades más alejadas del distrito de Nuevo Cajamarca en Rioja, para transmitir nuestra fe a los habitantes de éstas comunidades ubicadas totalmente alejadas de la ciudad.

(Detalles exactos de esta experiencia los daré más adelante, ahora quiero ceñirme a una de esos sucesos que suelen pasarme...).

Las actividades que refiero líneas arriba demandaban un esfuerzo físico interesante. Entre comunidad y comunidad debíamos hacer largas caminatas por trochas, caminos accidentados e irregulares, rocosos. Muchas veces debíamos andar bajo la torrencial lluvia de la selva. Nos topábamos con toda serie de insectos enormes a comparación de los que comúnmente conocemos en la ciudad: Gusanos, moscas, cucarachas, polillas, avispas, arañas... pero todos los mencionados eran de gran tamaño. En resumidas cuentas, una experiencia que gustoso viviría las veces que fueran necesarias. Con mi esposa y mis hijos iría nuevamente y les enseñaría por dónde estuve porque lo recuerdo claramente.

Y precisamente el olor a la leña quemándose me recordaba las casas de los comuneros porque todos suelen cocinar a la leña y ese olor mezclado con la naturaleza absoluta y pura de la selva confluyen con una paz y tranquilidad propia de lo saludable que es respirar un aire tan puro como ese.

Todo muy bonito, sí, así lo recuerdo. Toda una experiencia de dos semanas que, insisto, quiero repetir pronto.

Sin embargo, a medida que la leña de esta pollería me recordaba mis días en la selva fue en la selva en donde me sucedió algo que no necesariamente recuerdo gracias al olor del humo de la leña.

Una tarde de las que pasé en este viaje selvático, regresábamos en el auto del sacerdote al lugar donde nos hospedábamos. La lluvia había inundado las trochas por donde íbamos y se habían formado enormes charcos de lodo y barro (y no sólo eso). A diferencia de quienes tienen el privilegio de ir en auto por esa zona, los comuneros se desplazan en burro y así guían el ganado.
La destreza de quien manejaba debía darle preferencia a los burros de carga y al conjunto de vacas y bueyes a los que escoltaba. Muy amablemente la persona dueña del burro y el ganado nos saludaba y con el mismo cariño correspondíamos el saludo. Y es que una de las cualidades de los vecinos de las comunidades de esta ciudad es su enorme capacidad de ser atento, respetuoso y hospitalario.

Y así seguíamos surcando camino cuando de pronto la llanta trasera del auto se atascó en un hoyo profundo copado de barro y lodo. No teníamos otra alternativa que bajarnos a empujar y así lo hicimos y como siempre suele suceder, mi descuido me llevó a ubicarme precisamente detrás de la llanta hundida... no, no a lado, sino detrás. Yo vestía un polo de manga corta, un pantalón de buzo impermeable y botas de jebe para desafiar los huecos transformados en trampas con las lluvias.

La lluvia continuaba y asido al auto inicié mi labor del día empujando para sacarnos del fango y continuar con nuestra ruta. El conductor piso el acelerador, el motor rugió con rabia, la llanta giró endemoniadamente pero no salió de la trampa de barro pero sí me salpicó de tal manera el lodo acumulado que me embarró desde la punta de las botas hasta los incisivos y los caninos. Hecho un barro humano de la cabeza a los pies, el chofer animó a pedir una nueva oportunidad y acto reflejo apoyé mis manos en el carro, en la misma posición, empujé con mucha fuerza, el auto salió y por pura ley de inercia me fui de bruces sobre el lodo cual clavadista olímpico. Me levanté y estaba hecho una mugre, escupí el barro que tenía entre los dientes, descubrí mis ojos y empecé a sentir un olor extraño muy cerca a mi nariz. Un olor fuerte, cargado, potente. Ya con el auto rescatado un amigo se acercó y me dijo muy tranquilo - Oe, hueles a caca -. Y así era, el barro no era solamente mezcla de lluvia y tierra, contenía también cantidades industriales de excretas de burros, bueyes y vacas que pasaban por el lugar constantemente.

Y ahí estaba yo, convertido en lo que simbólicamente refiere el título: Era un pelito de poto todo cagadito de punta a punta. El olor se hacía cada vez más penetrante y abusivo. Hasta detrás de las orejas tenia barro (y demás componentes). Y sólo faltaban 2 horas para llegar a casa. Subí al auto, en realidad me relegaron a la tolva, y continué el camino oliendo a todo menos a leña.

Pero como eso no podía ser lo único que debía pasarme para cerrar con broche de caca ese día, llegando al hospedaje nos dijeron que no había agua. Había sido cortada y no volvería hasta el día siguiente. Claro que primero llegó mi olor y después yo y al verme me dirigieron al patio y ahí tuve que esperar. Empecé a secarme y blanquearme. Mis articulaciones estaban petrificadas y mi pestilencia alejaba hasta a las moscas enormes de la zona.
Inteligentemente es costumbre en la Selva colocar canaletas alrededor de los techos y éstos dirigidos a enormes barriles, de manera que aprovechando las fuertes lluvias los barriles se llenan de agua. Procedí entonces a hacer más melodramática la escena y lloré... y llorando me dirigí al barril y con la misma habilidad del Chavo del 8 me introduje en el barril y procedí a limpiar mi bello cuerpo. Al fin me liberé de la presión con agüita de lluvia pero sin jabón hasta el día siguiente que el agua volvió y pude al fin usar los baños. Bañarme con total elegancia y preocupación al punto de hasta extrañar el olor que me acompañó todo el día anterior. Creó que gasté un jabón completo en cada recoveco de mi grácil cuerpo y al fin pasé a ser el pelito de poto más limpio de toda la Selva.

Es por eso que hoy en día no únicamente el olor a leña me recuerda a la Selva sino otro olor particular también me permite remontarme a mis días allá a donde espero volver pero por ninguna razón empujar un carro de una trampa de barro... porque no sólo es barro.

Moraleja: Cuidado con el empujón porque en el lodo puedes darte un remojón y terminar hecho un enorme mojón.


lunes, 30 de julio de 2012

VEN CABRITA, VEN

Los famosos Juegos Florales del Colegio. Todos hemos pasado por eso y hemos sido seleccionados para participar en cualquiera de las disciplinas a desarrollarse: Baile, Canto, Fonomimia, Poesía, Oratoria, Mimo y Teatro. Recuerdo siempre haber sido seleccionado pero finalmente pocas fueron las veces que representé al salón participando en esta actividad. En una oportunidad me convocaron para mimo pero me sacaron porque hablaba mucho. En otra oportunidad me eligieron para fonomimia y me presenté como Miguel Bosé cantando "Don Diablo" pero por ser un colegio religioso como que moverme al son de "Don Diablo se ha escapado tú no sabes la que ha armado" y "Don Diablo se perfuma y se afeita con espuma es un chico colorado colorín" no agradó mucho y finalmente un amigo salió haciendo de la Negra Tomasa... ¡o sea!

Para danza o baile por lo general siempre participé y me fue bien. Digamos que el tema de las coreografías sobretodo de danzas típicas siempre me agradó y, modestia aparte, el aplauso unánime por el mérito compartido, así lo determinó en cada presentación: Así bailé Toromata, Los Shapis, El Jipijay, Huaynos y hasta Marinera.
Para Poesía o Declamación siempre elegían a los más estudiosos de la clase... con esto queda claro que jamás siquiera pensaron en considerarme. Para Oratoria hubiera sido un fracaso rotundo básicamente por los temas que debían tocarse en esta categoría... inclusive, creo, fue eliminada de la lista de disciplinas. Sin embargo, para muchos, lo más divertido de ser considerado era que perdías horas de clases por los ensayos. Muchos se hacían en el mismo salón para no permitir a otros que vieran lo que se había elegido... pero cuando la fecha del estreno estaba por llegar, los ensayos se hacían en el auditorio del colegio y eso era aún más intenso... cansado y además muy divertido.

En sexto de primaria el concurso de los Juegos Florales fue más ambicioso. No era por sección sino por grado que se competiría y los profesores tomaron la decisión de armar un elenco completo de alumnos para representar la obra teatral "Marcelino Pan y Vino", que cuenta la historia de un niño, Marcelino, que recién nacido es abandonado en la puerta de un convento de frailes franciscanos quienes se encariñan con él y deciden criarlo y cuidarlo. Marcelino tenía prohibido subir al desván del convento y como a todo niño a quien le prohiben algo, hace todo lo contrario y sube al desván y encuentra una imagen de Cristo crucificado con quien logra hacer amistad y por quien siempre "robaba" pan y vino a los frailes para llevarle. Se trata en sí de una obra bastante emotiva.
El hecho es que se necesitaban de varios personajes para que sea una obra espectacular: Marcelino, un doble de Marcelino (para la escena en la que éste se queda dormido hablando con Jesús y sueña consigo mismo), Jesús, 12 frailes y hasta extras. Se hizo una convocatoria completa, me incluyeron, nos presentaron a un profesor de teatro. Nos pintaron la obra con total dramatismo y entusiasmo, se hablaba incluso de cómo se decoraría el escenario y cuál sería el vestuario de cada personaje. Recuerdo que la emoción de todos era compartida por igual.

Para mi sorpresa me eligieron para interpretar a Marcelino (el principal, no el doble) y así a mis demás compañeros el resto de personajes. Nos dieron un guión completo a cada uno y teníamos todo un fin de semana para aprendernos los tres primeros actos (de diez que eran más o menos). Nunca voy a olvidar ese fin de semana: Jugué Policías y Ladrones, Escondidas, Lingo y 7 Pecados y el guión ni lo saqué de la mochila. El lunes en el colegio al empezar a ensayar, todos sabían casi a la perfección sus parlamentos y yo no. En vista que Marcelino tenían las líneas más extensas de toda la obra y para mi suerte quien hacía de Jesús no había ido por paperas al ensayo, a manera de castigo me quitaron el papel de Marcelino y me pidieron leyera el de Jesús hasta que vieran dónde me ponían. Puse todo de mí y el profesor me pidió que tuviera la gentileza de aprenderme las líneas de Jesús porque probablemente yo lo representaría. Me dio dos días para hacerlo.
Recuerdo mucho esos dos días: Vi televisión las dos tardes al salir del colegio. El guión lo dejé en mi carpeta.

Al siguiente ensayo cuando vieron que tampoco sabía nada decidieron entonces ponerme de fraile... ahora mi parlamento se reducía mucho más. Debía salir con una escoba. Decir cinco oraciones, asustarme porque aparecía un pericote en escena. Preparar kekes y conversar con Marcelino otras cuatro intervenciones más. Pero por no tomar en serio esta nueva oportunidad me sacaron la sotana y nuevamente quedé a la deriva. Pensé que me mandarían al salón porque ya no había nada que hacer pero sin embargo me mantuvieron dentro del grupo y participando de los ensayos. Tan solo veía a mis compañeros, no tenía asignado a ningún personaje. Me prohibieron que tuviera a la mano el guión de la obra pero aún era parte de los convocados, como que sentado en el banco de suplentes viendo jugar a mi equipo sin que el profe me elija.

La obra estaba totalmente avanzada pero faltaba un personaje. "Marcelino Pan y Vino" está ambientada en la ciudad española de Castilla a principios del siglo XIX y se desarrolla íntegramente en un convento de frailes franciscanos. Los frailes le enseñaron a Marcelino muchas cosas de la época, incluso a cuidar a los animales de la granja. Entre ellos uno en especial a quien alimentaban nutritivamente para que diera la mejor leche. Los franciscanitos tomaban leche de cabra y bueno pues, tan buena puesta en escena se había armando que de Marcelino pasé a ser la Cabra de Marcelino pasando por Jesucristo y el Fraile Cocinero y Barrendero.

En la obra, cuando Marcelino interactuaba con la Cabra lechera, la llamaba diciéndole "Ven Cabrita, ven" y ahí aparecía el humillante alumno seleccionado para tan majestuoso papel. Incluso el guión decía que en ese momento la cabra debía decir unas cinco veces "Beeeeeeeeee, Beeeeeeeeee..." acercarse en cuatro patas al mocoso ese, ser acariciado en la cabeza y en el cuello, sobar sus cachos en su brazo, dar una vuelta al escenario y salir brincando alegremente feliz de alimentar a 12 gordos frailes y a un niño que habla con una escultura y continuar balando sin cesar. Ya lo dije, el papel de la cabra recayó en mí.

Se lo conté a mi madre y ella se sintió muy orgullosa al punto que me consiguió la máscara. Estaba hecha de cartón. Era durísima y pesaba un par de kilos. Como se caía tuvo que sujetarla a mi cabello con unos ganchos. La máscara olía a purito terokal... iba a ser una Cabra medio piraña, pero en fin... todo sea por el teatro. También me consiguió una chompa de lana peluda cual piel de cabra para que mi anatomía humana sea casi imperceptible y el respetable considerara que la bola de pelos con cara de cartón aterokalado era en verdad una mutación de cabra bien lograda. Más humillante fue cuando debí ponerme unas medias de nylon blancas para no despertar sospechas y verme cabra totalmente.

Llegó el día del estreno. Llegué al auditorio más asado que Don Ramón cuando sale a vender los Churros Doña Florinda. Vestía mi chompa peluda y mis panties blancas de niña ballerina. Marcelino y compañía repasaban con nerviosismo sus líneas antes de salir a escena. Para sentirme acorde con el momento, yo caminaba de un lado para otro tras bambalinas repitiendo beeeeeeeeeee beeeeeeeeeeee... quería que el profesor viera mi profesionalismo... beeeeeeeeeeeee beeeeeeeeee... seguí repitiendo. - Muy bien - me dijo el cachoso del profesor, - lo estás haciendo muy bien -.

A los 37 minutos de empezada la obra escucho decir "VEN CABRITA, VEN"... entonces me pongo en cuatro patas y hago mi ingreso apoteósico al escenario. El público reventaba el coliseo. Llegué a mi lugar de actuación cerca a Marcelino quien me recibía amorosamente. De los nervios casi digo "miau miau" pero pude controlarme pese a las bocanadas de terokal que aspiraba.
Me acariciaron la cabeza y el cuello. Yo giraba y movía el rabo en señal de confianza. Vociferaba mi excelente beeeeeeeeee beeeeeeeeee cual cabra de monte y daba la vuelta a Marcelino demostrando complicidad entre niño y cabra lechera. 

De pronto sentí un zumbido fino que vino acompañado de una pequeña brisa de viento frío que se coló por el poto de la cabra. Y es que de tanto brinco y alegría la media nylon blanca que comprendía mi disfraz se rompió en la costura del fundillo... y así, la cabra vuelta loca de pronto y gritando asustada ¡¡¡BEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!! salió de escena a todo galope.

Cuando la obra terminó todos fuimos felicitados. Salimos a escena a dar las gracias al público. En cada uno de mis compañeros había satisfacción plena, incluso en mí también. Finalmente se hizo un gran trabajo desde Marcelino que, recuerdo, lo hizo perfecto; hasta la humilde cabrita que mal que bien le puso cierta nota de ternura y gracia a un bonito espectáculo.

Siempre recuerdo esta "notable" actuación y, hoy en día, cuando voy a La Granja Villa o al Parque de Las Leyendas y paso por donde pastan las cabras, las miro con cierta nostalgia. Y las llamo "Ven Cabrita, ven" y ellas me miran tiernamente como conectadas conmigo, como viendo en mí que en otra vida fui una cabra como ellas quizá dando leche para frailes franciscanos. Las escucho decir Beeeeeeeee y siento que las entiendo... siento que me agradecen por haberlas representado, siento que me sonríen coquetas, siento que quieren acercarse a mí para ser yo ahora quien las acaricie como Marcelino... siento que... siento que... siento que... siento que definitivamente el terokal de la máscara que usé dejó secuelas incurables en mí.

Moraleja: Ven cabrita, ven... ven para sacarte la conch&%|°$*)(?%&$"!!!

domingo, 22 de julio de 2012

NO SOLO DUELE, TAMBIÉN LASTIMA

Duele el silencio y lastima el mutismo: Saberlo me afecta y no poder hacer nada me vence. Sólo me queda ser espectador aguardando el final que ya parece adelantado pero que fuerzo en mi mente sea distinto porque el compromiso, años atrás, fue otro.

Duele la indiferencia y lastima el olvido: Conocerlo me aturde y entorpece mis reflejos. No puedo dar el paso que quisiera porque puede que no me corresponda, puede que me inmiscuya en etapas que no me incumben pese al vínculo que me unen a ellas.

Duele el llanto y lastima la angustia: No entenderlo me carcome y me inmoviliza. Pasear mi mente por recuerdos tan espectaculares y ver ahora la tempestad que no termina me mantiene intranquilo. No puedo levantarme... ¿depende de mí?

Duele la incertidumbre y lastima la inercia: Ver el tiempo detenido debe obligar a tomar otro rumbo pero ni siquiera hay acción para tomar esa decisión. Vivo con una mezcla de consejos en mi mente que no me atrevo a dar porque la experiencia de mi vida es mía y sé desde hace mucho que cada uno prepara su camino para conocer su destino.

Duele la ironía y lastima la verdad: Y es que quizá es mejor así. Quizá sería peor si la razón obligara a un falso reencuentro cuando un corazón ya sepultó a otro. Me pesa tanto escribirlo, leerlo y releerlo... pero decido no borrarlo porque ya decidí no hacerlo. Y me debo a mi dictado interno y a mi compromiso de no renunciar a todo lo que puedo transmitir "a mi manera".

Duele el descaro y lastima la arrogancia: Sobretodo por quien la procura. Porque ese lado no lo conocí antes nunca. Recién hoy la prueba se posa ante mí pero únicamente para contemplarla porque lo hecho hecho está y solo un valiente es capaz de dar la cara. Anhelo tanto ver esa demostración de valentía en ti que de tan solo imaginarla, hincho el pecho de orgullo. Siéntelo por favor.

Duele la inacción y lastima la parsimonia: Pasan las horas y los días enredados en tanto silencio que la mínima palabra pasa desapercibida, dejándose desperdiciar la oportunidad de aprovecharla. Y yo, a un extremo del suceso, cuento los minutos y me oculto en una cueva en la que disfruto pensando cómo era y no cómo es. Y no es sencillo, al contrario... totalmente al contrario: es difícil. Mi mente me obliga a respetar, debo esforzarme más y trabajar en eso. Respetar.

Duele el presente y lastima el futuro: Porque el pasado fue completamente distinto. Si en mis manos hubiera estado la responsabilidad de evitar que amaneciera el día que no debía llegar, hubiera colaborado con todo lo que estuvo a mi alcance con tal de ver nuevamente la sonrisa mutua, la mirada cómplice y la protección sincera. Hoy solo contemplo esos detalles en mis sueños y es duro porque soñando me doy cuenta que es un sueño y por evitar despertar, despierto. Y al despertar recuerdo que solo fue un sueño y la vida real es ahora distinta.

Duele la soledad y lastima el duelo: Y esto es probablemente lo más difícil de sobrellevar. Precisamente siento que he perdido algo de mí, que debo enterrarlo y conformarme con lo que el recuerdo me regale. Me obligo a cerrar los ojos y concentrar mi fuerza interior en hacerla exterior y comprender. Comprender que todo forma parte de una lección y de una formación y que el tiempo se encargará por impulsión divina, de ordenarlo todo. Como la secuencia lógica que determina que un paso más allá del caos se encuentra la calma.

Duele la lástima y lastima el dolor: Y se crea la injusta duda de desconfiar de mis propios preceptos. Del "nunca digas nunca" que yo rechazo porque antes de confiar en alguien o en algo primero confío en mí. Y si primero confío en mí es porque la vida me inculcó tal confianza. Cuestiono la existencia del error que no se corrige porque precisamente confío que todo puede enmendarse... claro, siempre y cuando la intención sea tan sincera como la confianza.

Duele la nostalgia y lastima la desaparición: Admito que dentro de las decisiones que he debido tomar la más complicada es la de No Estar. La de ignorar y seguir siendo ajeno de algo que me es propio. Pero el consejo me dice que así debe ser, que es la mejor ayuda que puedo dar. Yo no soy el valiente que desenvaina su espada y enfrenta el miedo, ¡no!, quiero ser el tímido pero confiado que espera ver al héroe de siempre tomar las riendas y con una simple venia quizá demostrar que nunca dejó de ser un roble y no una roca.

Duele la espera y lastima la cobardía: Porque no somos infalibles pero sí pensantes. Salvo si se deja zanjar un abismo entre dos mundos el tiempo podría correr aún a favor... ¡Reacciona!

Duele llegar al punto de decepcionarme y lastima no tener otra salida: Y esto no me deja mejor opción que apelar al instinto natural:

A que algún día tu mano recupere la mano que dejas ir. A que algún día el silencio se vuelva escándalo. A que algún día la lágrima permita ser absorbida por un beso honesto. Apelo a la oportunidad que aún puede existir. Apelo a la esperanza de que probablemente el momento justo todavía no llega. Pero temo que no llegue nunca y que el despido eterno sea tan frío como el saludo de buenos días. Temo no entender lo que pasa y perderme en intentarlo. Temo embriagarme de recuerdos y retroceder. Temo admitir que la felicidad completa no existe. Temo hundirme porque no respiran el mismo aire. Temo no dejar de temer, pero sobretodo, temo no poder tomar una foto más de todos juntos para enmarcarla y adornar mi sala.

Moraleja: "... cultiva la firmeza del espíritu, para que te proteja en las adversidades repentinas..."

viernes, 6 de julio de 2012

REALMENTE SORPRENDIDO

Cuando nos toca hablar de los amigos nos referimos siempre a ellos en relación a nosotros. Cómo son nuestros amigos, cómo se comportan y qué los hace especiales e importantes en nuestras vidas. Es la amistad una virtud y compañía necesaria. Sin embargo, vale la pena también mirarnos al espejo y saber si somos nosotros mismos quienes estamos cumpliendo un buen papel dentro de la enorme responsabilidad de ser un Amigo Genial. Así como Woody y Buzz Lightyear, como Bob Esponja y Patricio, como El Chavo y Kiko, como Kevin Arnold y Paul Pfeiffer, como Tito y Lalo... y muchos ejemplos más de verdadera amistad.

Creo que para reconocer nuestra real intensidad de ser amigo el destino nos pone a prueba muchas veces. Cuando debemos dar un consejo. Cuando simplemente debemos callar y escuchar. Cuando necesitamos ahogar penas o cuando simplemente sabemos que nuestros planes serán mejor elaborados si contamos con la presencia y ayuda de ese amigo especial.

A mí me sucedió algo muy particular que creo, modestamente, me hizo sentir que puedo ser un buen amigo. Sucedió hace mucho tiempo atrás...

Acababa de cumplir la mayoría de edad y los permisos para salir los fines de semana eran restringidos. No podía llegar a mi casa pasada las 2 am. Podía salir a divertirme a una discoteca, a la casa de alguien o a una fiesta pero debía llegar a casa máximo a las 2 am. Estaba cerca mi cumpleaños y muchos amigos me preguntaban  qué iba a hacer para ese día, mi cumpleaños caía domingo y querían celebrármelo el sábado para la víspera. Yo siempre debía decir que podíamos bajar al barrio simplemente pero mis amigos intentaban algo más elaborado. Salió la idea de ir a una peña, confieso que la idea no me entusiasmaba mucho porque nunca me han gustado los sitios aglomerados de personas pero dado el entusiasmo y que la organización era por mi causa, acepté. Incluso sin yo saberlo un buen amigo mío se comunicó con mi mamá y le pidió permiso para que yo llegara más tarde, ella aceptó. Me lo contaron, lo corroboré y sí, mi emoción fue aún mayor porque por vez primera no había toque de queda en mis salidas de fin de semana.

Mientras el fin de semana se acercaba todo el grupo tenía que ver con la reunión en la Peña Las Brisas del Titicaca para celebrar mi cumpleaños. La noticia corría, todos hablaban de lo mismo incluso personas que no eran directamente amigos míos pero sí amigos de mis amigos ♫ uh vaya lío... los amigos de mis amigos son mis amigos... ♪ en fin... se invitaban a la reunión y claro, mientras más, mejor, yo feliz. Sin embargo debía admitir que el hecho de no tener mucha propina hacía que me quedara corto en pasaje, trago y esas cosas... pero en fin.

Para el miércoles de esa semana la idea de ir a Las Brisas del Tititcaca estaba tatuada en el subconsciente de muchas personas. Prácticamente no se hablaba de otra cosa. Me abrumaba saber que era por mí y hasta me llamaba la atención el entusiasmo... los minutos seguían su curso y la expectativa crecía.

 El jueves antes del gran fin de semana nos reunimos varios amigos a tomar unas cervecitas en el barrio. Entre carcajadas y agitadas de vaso para botar el conchito y pasarlo nos estábamos divirtiendo a costa de nada. En eso me fui a un lado a hacerle espacio a la vejiga. En ese momento se había incorporado al grupo algunas personas también parte del mismo grupo amical a quienes yo conocía pero con quienes no tenía mayor confianza, también sabían del tema del sábado así es que bienvenidos sean, brindemos por la peña que estaba por armarse dentro de dos días. Cuando estaba regresando al grupo una de las chicas que acababa de llegar se me acercó... me cogió del brazo y me llevó a un lado. Sus ojos tenían una mirada maliciosa, extraña, maquiavélica pero que trataba de disfrazar con encanto, dulzura y simpatía. Su rostro compungido en un gesto sumamente triste y conversamos, ella empezó a hablar:

 - Pucha Franco, sorry. Lo que pasa es que mañana yo no voy a poder ir a la fiesta sorpresa que todos te están organizando en la casa del Narizón.

Inmediatamente mi mente ordenó las piezas y lo entendí. El entusiasmo de todos era en realidad la Organización de una Fiesta Sorpresa. El argumento de la peña era mentira precisamente haciendo caso a que este tipo de locales no son mi total agrado. Uno de mis grandes amigos había puesto su casa para homenajearme y todos estaban de acuerdo con eso. Todos debían coincidir en hora, momento y entusiasmo para sorprenderme. Incluso mi madre estaba incluida en los planes porque ella también me hablaba de la famosa peña a sabiendas de que era en realidad era una fiesta sorpresa en casa de uno de mis amigos. Por ende no había problema con la propina porque ya no iba a gastar en nada y tenía permiso para llegar al día siguiente a casa al amanecer, pero ¿por qué esta persona tenía la intención de arruinar la sorpresa de esta manera? Créanme que hasta el día de hoy no lo sé ni lo pregunté ni lo preguntaré... Volviendo al relato, tuve la acertada reacción de responder inmeditamente el ataque y dejando adentro la rabia, sonreí, la miré a los ojos y le dije:

- No te preocupes, de repente puedes ir más tarde. Todos vamos a estar ahí toda la noche así es que trata de ir, en serio.
- Gracias, pero sí quería que sepas que no voy a poder ir A LA FIESTA SORPRESA QUE TE ESTÁN ORGANIZANDO (lo dijo pronunciando perfectamente la palabras que resalto para que me diera cuenta de lo que estaba hablando). De verdad, sorry.
- No te preocupes. En serio. 

Y regresamos al grupo en donde por coincidencia estaba el dueño de casa donde se haría la fiesta. Tomé la decisión de no mencionar que sabía de la fiesta sorpresa. Lo hice por ellos, por mis verdaderos amigos. Porque ellos se estaban preocupando por mi satisfacción y ahora me tocaba a mí preocuparme por la generosa intención de todos.

El sábado llegó. Todos llegamos al punto de encuentro perfumaditos y las amigas también bien acicaladas. Un buen grupo de amistades unidas por mí. Abrumador como ya lo dije antes. De pronto la Sorpresa comenzó. Yo me dotaba de histrionismo para parecer natural. Algunos dijeron que irían avanzando. Comencé a darme cuenta que organizar una fiesta sorpresa era cosa seria. Precisamente el dueño de casa me pidió que lo acompañara a comprar. Fuimos en su carro con otros amigos más a un supermercado. Su teléfono sonaba y él hablaba con voz muy baja. Podía entender que le pedían que se demorara más. Pasaron 15 minutos más. Nos tomamos unas chelitas en lata (siempre hay pretexto para unas chelitas con los patas, de lo contrario no sería precisamente una Cerveza la que intenta instituir el primer sábado de julio como El Día del Amigo). Salimos del supermercado y mi pata dueño de casa, quizá organizador de todo: El Narizón, se tocó los bolsillos del pantalón y dijo que había olvidado su billetera y tenía que ir a su casa a recogerla. Los demás que estábamos ahí comenzaron a criticarle el olvido. Me iba dando cuenta que el momento iba llegando. Claro que todos estos detalle no los hubiera percibido de no saber de antemano la realidad de ese sábado por la noche.
Llegamos a la casa, de afuera se veía todo apagado. Curiosamente el dueño de casa nos dijo que lo acompañemos adentro porque tenía una chelita más y quería empilarse. ¡Vamos! dijimos todos. De manera organizada me dejaron atrás. Abrieron la puerta y entramos a la casa. Mi mente estaba preocupada y asustada. Temía que mi reacción no fuera lo suficientemente natural como para no despertar la sospecha o confirmación de que lo sabía todo por culpa de la envidia personificada. En el preciso instante que entré a la casa las luces se prendieron y el unísono ¡SORPRESA! finalmente me hizo reaccionar. Abrí los ojos. Me entusiasmé, me hice el loco. Quizás exageré. Algunos evaluaron mi reacción. Otros me dijeron que yo sabía todo, que ya me había dado cuenta, que mi reacción no había sido natural... pero bueno. Todos me abrazaron. Se compartió una deliciosa cena. Comenzó la música y fue una fiesta de cumpleaños que estoy seguro jamás olvidaré. Un adorno con mi nombre colgaba de una de las paredes, habían globos y serpentinas. Una mesa con bocaditos diversos, 20 cajas de chela en el refrigerador. Ají de Gallina en dos ollones de Club de Madres, harta pica pica y demasiada alegría. Fue extraordinario
. Finalmente me sorprendí de verdad... consiguieron emocionarme mucho. Fui Realmente Sorprendido.

Si ellos lo hicieron fue porque me estiman, porque me consideran un buen amigo. Si se tomaron el trabajo de organizar algo tan especial fue porque estaban motivados por algo. Y fue por esa razón, por valorar ese esfuerzo, entusiasmo y cariño, que tampoco les eché a perder la organización. Fue la gratitud a su gran idea. Porque estuvieron de acuerdo, mis amigos, en que por alguna razón merecía un cumpleaños inolvidable... y así lo fue, incluyendo además, el enterarme de una manera abrupta antes de tiempo y aún así sorprenderme tal cual hubiera sido que no sepa nada. Es por eso que a los Amigos hay que quererlos como mier...!!! porque contar con ellos es lo mejor que nos puede pasar.

Y dicho sea de paso, la persona que intentó arruinar mi super tono llegó más tarde. Bailó, comió, se divirtió, brindó, se carcajeó, eructó y probablemente se pedorreó y vomitó. Pero la pasó bien y eso para mí fue suficiente porque me di el lujo de pensar que no tuvo otro lugar a dónde ir y su única opción fue Mi Fiesta porque todos estaban ahí... entonces me acerqué a ella. Me miró y se puso nerviosa. La miré y le dije... "gracias por venir".


Moraleja.- Tener un gran amigo es la manera más auténtica de elegir a un hermano.

sábado, 30 de junio de 2012

YO SOY...

... probablemente un maniático o excéntrico. Y para poder determinar "qué soy" de casualidad una noche me lo dijo mi esposa precisamente cuando juntos veíamos por televisión un programa concurso que lleva el mismo título de esta publicación. Le dije - Amor, si yo fuera a ese programa, ¿quién sería?, si tengo que decir "Yo Soy"... ¿tú quién dirías que soy yo? - Muy sagaz ella respondió - ¡¿Quién eres?! Un loco maniático... eso es lo que eres - Y nos reímos mientras ella enumeraba mis "manías" que para mí son tan solo costumbres... 
Pero a medida que la conversación fluía, pensé si realmente Yo Soy un maniático tan solo por estas cosas que me atrevo a compartir:
  • Sólo yo debo planchar mi ropa, nadie más puede plancharla por mí porque siento que nadie puede darle la perfección necesaria al planchado. Cuando salimos en familia, sólo yo plancho la ropa de todos (la de mi esposa y la de mis hijos).
  • Mi esposa carga a los niños en la calle si es que se quedan dormidos. A mí me cuesta mucho hacerlo... la sensación de que mi ropa se arruga me altera.
  • Cuando voy a algún sitio sólo, debo bajarme del taxi o micro por lo menos 5 cuadras antes de mi destino, esto me ayuda a calcular el minuto exacto en que debo llegar a tocar la puerta, timbre o intercomunicador de la casa u oficina de la persona que me espera. En estricto, soy sumamente puntual. Nunca llego tarde. Bajarme antes me permite concentrarme en la reunión que estoy a punto de tener sea del tipo que sea. Aprovecho en ajustar el nudo de la corbata si lo amerita y limpiar mis zapatos si tuvieran alguna manchita.
  • Uso la corbata, correa y pasadores sumamente ajustados... ¡sumamente!... siento que esto me da seguridad. Constantemente me ajusto la corbata y la correa... ¡constantemente!
  • Cuando visto terno (prácticamente todos los días) uso doble media. Las típicas blancas de Educación Física primero y luego las de vestir, precisamente para que se cumpla el punto anterior de sentir ajustados los zapatos y además porque no tolero la sensación de las medias de vestir contra mi piel. Otra cosa, las cuatro medias deben estar sumamente estiradas... sí, las estiro constantemente también.
  • La punta de la corbata debe llegar precisamente a la altura de la hebilla de la correa, no más arriba, mucho menos más abajo. Puedo repetir el nudo de la corbata 15 veces si es necesario. ¿¿¿Por qué no dejo el nudo hecho con la medida lista??? Imposible, tengo que sí o sí desarmarlo por las noches cuando llego a casa.
  • No soporto las cebollas en la sopa. Verlas transparentes flotando en el caldo me da asco. Mis dientes rechinan... y esto sucede por la sencilla razón de que relaciono la cebolla en la sopa con uñas de loco y no, simplemente no puedo comerlas.
  • Debo ser el primero en la cola del cine. Siempre el primero. Al comprar la entrada pregunto el número de butacas de la sala y el número de personas que ya han comprado su entrada antes que yo. Hago una rápida estadística y soy el primero en la fila... probablemente hasta 30 minutos antes de que permitan la entrada a la sala. De lo contrario no la paso bien y mi esposa debe calmarme.
  • Ya dentro del cine debo buscar el asiento preciso que me dé la sensación de estar sentado exactamente donde mi mirada dé al mero centro de la pantalla (es por eso que debo entrar primero, para que no me ganen esta posición).
  • Leo, leo mucho... pero únicamente lo hago durante el camino de ida y vuelta al trabajo en el bus escuchando Radio Mágica (no puede ser otra emisora), de otra manera mi lectura no es placentera. Jamás leo en casa.
  • Siento mucha ansiedad y hasta pánico en lugares atiborrados de muchas personas en lugares cerrados. Quizá sea claustrofobia. Atino simplemente a irme... si voy acompañado, pues nos vamos todos ¡punto!.
  • Cuando salimos de paseo en familia, yo, y sólo yo, preparo el o los maletines de ropa. Previamente plancho toda la ropa que vamos a llevar y procuro guardarla milimétricamente ordenada. Puede que al primer intento no logre el orden que procuré, entonces saco todo y empiezo de cero.
  • Todo el año tengo calor, los 365 días... y este año 366. En la oficina pedí me cambien de sitio únicamente para estar debajo de la salida de aire acondicionado.
  • Si uso polos tipo piqué el cuello del polo debe quedar obligatoriamente pegado a mi cuello. Debo sentir la tela siempre junta a mi cuello. Si por alguna razón el diseño del cuello de este tipo de polos no me permite esta ventaja pues entonces no lo uso nunca.
  • Si olvidé ponerme el reloj, regreso de donde sea a casa para ponérmelo.
  • Uso un mismo corte de pelo desde hace mucho tiempo: Rapado. Tengo mi cortadora de pelo y yo personalmente me lo corto una vez al mes y no solo por comodidad sino porque siento que un peluquero no va a dejar exactamente todos mis pelitos del mismo tamaño. Yo sí puedo hacerlo pasando la máquina, tantas veces sea necesaria, por mi cabeza. Cortarme el pelo me toma aproximadamente una hora u hora y cuarto.
  • Cuando duermo debo taparme con la sábana o frazada hasta la altura de la frente dejando únicamente un ojo libre, de otra manera no concilio el sueño. 
  • Nunca duermo de domingo para lunes.
  • Tomo cerveza en vaso, tengo chops en casa para poder estar tranquilo. Nunca puedo tomar del mismo pico o de la lata. La sirvo en vaso siempre. Cuando vamos a la playa llevo mi chop.
  • Siempre... ¡siempre! como primero las papas y luego el pollo o la hamburguesa. Nunca simultáneamente. Las papas fritas las cojo de dos en dos. El pollo a la brasa lo como con cubiertos, imposible usar las manos directamente.
  • Hablo solo cuando camino... y en voz alta... y mirando al piso. A veces canto, también.
  • Cuando hablo por teléfono uso el fono como si fuera walkie talkie, así sea celular... ¡o fijo!.
  • Mi blog lo escribo a partir de las 00:00 hrs. Antes no me inspiro.
  • Veo películas en mi casa en las madrugadas, con audifonos enormes y a todo volumen.
  • Últimamente me he dado cuenta que no mastico la comida, la trago. Por eso termino de comer rápido. Al igual que mi madre, no tomo el jugo sino hasta haber terminado de comer.
  • Aboslutamente todas las noches debo comer algo dulce antes de dormir. Sin excepción.
  • Nunca en mi vida me he cortado las uñas de las manos con cortauñas, sencillamente me las arranco. Las de los pulgares me las como.
  • Cuando vamos a comprar ropa, mi esposa se encarga de la suya y la de los chicos. Previamente a pagarla reviso las costuras detenidamente centímetro por centímetro. La estiro y reviso que no tengo la mínima mancha o error de hechura.
  • Cuando es mi turno de comprar ropa para mí demoro muchísimo precisamente por lo indicado en el punto anterior. Por eso nunca me regalan ropa. Soy indeciso en este tema, puedo pasar mucho tiempo buscando algo para mí y por impaciente, me voy sin comprar nada.  
  • Abro los regalos sin romper el papel de regalo.  
  • Le tengo terror a los dientes picados y verlos me producen náuseas.
  • Probablemente 500 veces al día me froto la nariz con la mano izquierda.
  • Cuando me pica la garganta ¡¡¡me rasco la boca!!!... (esto a mi esposa la enerva).
  • En casa tengo estrictamente prohibido que cojan mis libros... (y pisen el jardín).
  • En mi escritorio no puedo hacer nada si todo lo que tengo no está estrictamente ordenado de manera milimétrica y alineada. De igual manera las cosas que guardo en mi cajón.
  • Nunca doy la hora si me la piden si es que antes no me saludaron. Incluso si me preguntan ¿disculpe, tiene hora?, digo SÍ y sigo mi camino.
  • Y para cerrar con broche de oro: Uso la truza encima de la camisa para que evitar que se salga del pantalón y todo el día esté perfectita... (y sé de muchos que hacen lo mismo porque ésto no se me ocurrió a mí).
Increíblemente esto no es todo pero debo terminar aquí... pero el hecho de sentir que puedo estar olvidando algo también me pone medio idiota. Sin embargo, siento que me ha servido este tipo de confesión como si se tratase de una terapia. Los invito a hacerlo. Les permitirá reírse de ustedes mismos y en algunos casos quizá tomar conciencia de qué cosas quizá puede que a otros les afecte de nuestro propio comportamiento... ¡bah!... no me hagan caso, sean ustedes mismos y diviértanse, como siempre digo.

Moraleja.- Nunca puedo obviar la moraleja de mis publicaciones, siento que no están debidamente finalizadas.



domingo, 17 de junio de 2012

¡¡¡ UN POCO DE CHO !!!

Sucedió en alguna semana del último verano un hecho agradable en mi vida, un hecho del que solo fui testigo por azar del destino. Una de esas cosas que siempre se vendrán a tu mente porque te enseñan algo valioso. Y todo lo que vale debe ser compartido y hasta practicado si es necesario. Y precisamente este tipo de situaciones (así pienso yo) suceden por algo más que una sencilla casualidad.

Por temas laborales tuve que ir al Centro de Lima. Eran las 11 de la mañana. El sol quemaba de forma incandescente, el tráfico agobiaba a cualquier peatón y el sonido de las bocinas de los autos ensordecían a todos. Suelo bajar tres o cuatro cuadras antes de mi destino para conocer los alrededores y así lo hice esta vez también; los motivos de esta extraña costumbre los podré contar en otra oportunidad.
De pronto algo llamó mi atención; en una esquina del angosto Jr. Washington, cuando el semáforo marcaba luz Roja, un joven apareció delante de los autos, hizo el anuncio de que iba a presentar un número artístico y luego comenzó su acto que duraba no más de 40 segundos. Luego, sonriente, fue tras las propinas producidas por la destreza de su talento. Por alguna razón lo vi repetir su disciplina un par de veces más y me encaminé a mi destino.
Demoré cerca de una hora en mi reunión y al salir nuevamente debí pasar por la misma esquina. Este muchacho seguía ahí, esperando el Rojo del semáforo y ofreciendo su rutina. Era agradable su presentación porque la hacía divertida. Entré a una tienda, compré un helado y mientras me refrescaba permanecí mirando una y otra vez su desempeño.

Lo peculiar era que todas las veces que se presentó ante tantos conductores desconocidos, la secuencia de su presentación era toda vez idéntica a la anterior, lo recuerdo de manera fotográfica porque, repito, fue valioso quedarme viendo a este peculiar personaje:

1.- El semáforo marcaba Alto y el muchacho se paraba en el cruce peatonal.
2.- Daba dos palmadas para animarse y animar a su público. Siempre sonriente
3.- Inmediatamente decía ¡Hola a Todos, ahora, Un Poco de Cho! (en clara referencia al Show que estaba a punto de ofrecer pero era claro que quizá la rutina repetida tantas veces resumió la palabra Show a Cho y eso hacía aún más dinámico su estilo y más característico).
4.- Tras otra palmada se paraba de manos y andaba de un lado a otro. 
5.- Luego daba la vuelta aún parado de manos y regresaba al punto inicial. Saltaba con las manos al piso dominando su equilibrio con mucha destreza.
6.- Finalmente se incorporaba de pie otra vez y agradecía la atención de su público con una reverencia y un saludo a todos... y claro, la gran sonrisa.
7.- Acto seguido se acercaba a los autos a cobrar su esfuerzo. En ese preciso instante el semáforo cambiaba a Verde.
8.- De algunos autos salían manos generosas, de otros la luna subía en el preciso momento que el joven pasaba  y de otros simplemente no había reacción. Pero la sonrisa del malabarista no cesaba.

El joven contaba su dinero, se acercaba a su canguro sujeto a una reja de una tienda abandonada. Tomaba agua y esperaba nuevamente hasta que el semáforo cambiara otra vez a rojo y ofrecía nuevamente "Un Poco de Cho"

Habrán sido máximo 15 las veces que lo vi en pleno desempeño de su habilidad. Me acerqué a un kiosco en la esquina a comprar un periódico para leer en mi regreso a la oficina pero no podía dejar de escuchar al joven decir ¡Un Poco de Cho!, y siempre con la misma energía y alegría, usar sus manos y su esfuerzo en ofrecer 40 segundos de deleite artístico para descansar un minuto y medio y estar listo nuevamente.
Le comenté al señor del kiosco que me parecía increíble que todo el día aquel joven se dedique a esa actividad y el señor me dijo que lo ve en esa esquina desde hacía varias semanas, hace lo mismo desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde aproximadamente. Pero cuando me dijo porqué lo hacía encontré ese valor que no se ve a simple vista pero que está ahí. Este chico se había enterado hace poco que iba a ser Papá, es estudiante universitario y no consigue empleo pero desde que se enteró de su paternidad busca la manera incansable de dignificar el nacimiento y el futuro de su hijo. Y lo hace sobre la base del esfuerzo puro, sobre la base de ampoyarse las manos sin sentir dolor... y claro, sobre el hirviendo pavimento de una mañana en Lima, de una mañana en Lima en verano, de una mañana en Lima en verano lidiando con el tráfico, de una mañana en Lima en verano lidiando con el tráfico pero sonriendo. Porque en cada palmada con la que se presenta se felicita por ser quien es. Porque con cada paso que da caminando con las manos sabe que no será fácil pero sí gratificante. Porque se enteró de la mejor noticia que un hombre puede recibir cuando le dicen "vas a ser papá". Porque quintuplica su esfuerzo para que su sonrisa sea también la de su entorno. Porque para demostrar dignamente y ser honrado con lo que hace y sentirse inmensamente feliz, este joven simplemente necesita saber que pronto tendrá a una criatura en sus manos que años después le dirá Papá y será su mejor orgullo. Porque su vida tiene un nuevo sentido y porque supo resumir su extraordinaria capacidad de amar, a través de Un Poco de Cho.

Tomé un taxi. El semáforo cambió a rojo. El muchacho hizo su extraordinaria rutina tal cual descrita líneas arriba y la aprecié por última vez. Se acercó a los autos. Cogí las monedas que tenía en mi bolsillo y le hice señas para que se acercara. Sonriente como en todo momento tomó las monedas y pidió a Dios que me bendiga. Fue al otro carro y también recibió un poco de dinero y también pidió a Dios bendiga a esa persona. Lo que significa que su acto termina ofreciendo su trabajo a Dios. Me di cuenta además, que es el único artista que cobra sus honorarios después de ofrecido el espectáculo, lo que demuestra aún más coraje y valor a su dedicación.

Y a decir verdad, mis hijos también hacen de mi vida un "Cho"... sí, un Show lleno de diversión, de alegría, de improvisación, de ocurrencia y de encanto. Los adoro más que a mi propia vida porque sin ellos no existirían los colores con los que decoran mis días todos los días. Es difícil ser Papá pero es la hazaña más bella que a mi vida se le ha permitido vivir.

Moraleja.- Si te afliges por un error que como Padre crees haber cometido, recuerda que Con Un Poco de Cho tus hijos lo harán olvido.

viernes, 8 de junio de 2012

BIENVENIDO SR. ASPERGER

Estimado Sr. Asperger, sea usted bienvenido a mi casa. Pase. Póngase cómodo. Ante todo quiero agradecer la gentileza de su visita y valorar su presencia. Debo admitir, sí, que al principio tuve temor de dejarlo entrar. Siempre dicen que ante alguien desconocido es mejor ser precavido pero admito también que me causó mucha confianza verlo llegar y eso también es digno de ser agradecido.
Tome asiento, Sr Asperger, por favor. Permítame servirle algo de tomar. Un vaso con agua por supuesto, qué mejor que lo natural y sano, ¿verdad?
Permítame tomar su equipaje, voy a guardarlo, luego le diré dónde va a descansar.

Es un placer tenerlo con nosotros, nos han hablado mucho acerca de usted y estamos muy emocionados que haya llegado, ya habrá tiempo de conocernos mucho más; por lo pronto conozca mi casa, le pido encarecidamente se acostumbre a ella. No tengo nada fuera de lo común, tan solo lo básico y necesario para llevar una vida decente y tranquila. Es usted nuestro inquilino y precisamente queremos que la convivencia sea lo más placentera posible. Mi casa es su casa como comunmente se dice en estos casos. Gracias por su puntualidad, por haber decidido llegar. Ya nos hemos organizado en familia y estamos dispuestos a que su presencia sea cómoda para todos.
No voy  a negar que el hecho de compartir nuestras costumbres con usted y viceversa pueda tornarse incómodo y complicado al principio, pero todo forma parte del proceso de adaptación al que poco a poco, estoy seguro, nos vamos a acostumbrar. Esperamos de todo corazón, comportarnos a la altura de sus expectativas y que este trabajo en equipo rinda los frutos que ambos buscamos.

Bien Sr. Asperger, ahora que ya hemos quebrado el hielo de la primera impresión, permítame ser transparente y expresar mi sentir auténtico; con esto pretendo comprenda que he aprendido a decir las cosas y no callarlas. Curiosamente al enterarme de su visita e indagar acerca de usted es que aprendí esa facultad. Le ruego no me malinterprete, voy a tratar de ser lo más claro posible porque entiendo que usted procesa todo relato de manera literal.
El día que me avisaron que usted llegaría a mi casa, me molesté. Mi decisión de formar una familia no incluía planes de agentes invasores. Disculpe usted si sueno ofensivo, no es en absoluto mi intención mortificarlo... déjeme continuar por favor. Sentí que no estaba preparado para albergar tan compleja presencia. Incluso, en mis momentos de desierto y silencio, sentía frustración y miedo. Y claro, cuestionaba que el destino me haya elegido a mí y no a otra familia quizá más capaz de entender este tipo de situaciones. Sin embargo hice una tregua con mis pensamientos y decidí conocerlo. Honestamente mientras iba sabiendo más de usted mi preocupación crecía pero la imagen que inicialmente proyecté fue cambiando. Digamos que poco a poco se acomodó y mi mente y corazón iniciaron una relación poderosa con el propósito de entender que en realidad nadie lo obligaba en venir sino que usted decidía llegar luego de elegirnos.
Esta manera de ver las circunstancias, junto a mi esposa y mis hijos, nos permiten ahora tenerlo dentro de nuestra casa y darle la más honesta bienvenida.

A decir verdad, es usted muy peculiar. Todo lo dice con genuina sinceridad, no es capaz de mentir. Es muy correcto y educado y sus emociones son horizontales. Sin embargo, me apena saber que es temeroso. Me duele saber que le cuesta hacer amigos y que prácticamente somos nosotros quienes mejor llegaremos a entenderlo. Me apena que su capacidad de frustación no encuentre la forma correcta de ser demostrada o canalizada. Pero pese a todo eso reitero mi gratitud por su presencia porque vamos a ayudarnos mutuamente.
Nosotros como familia, tenemos el compromiso de darle a su vida la mejor calidad y sobretodo el mejor buen humor, y, claro, con usted en casa todo el tiempo tenemos mucho que aprovechar y mucho más que aprender.

De usted aprenderemos a ver la vida de una manera más humana, más cristalina. Tendremos la oportunidad de conocer una nueva manifestación del amor. Tomados de la mano aprenderemos a que la sonrisa más perfecta no es la que se dibuja en el rostro sino la que se impregna en el corazón. Gracias a usted seremos capaces de respetar la diversidad de muchas personas que nos rodean y tantas veces son incomprendidas. Usted nos enseña mucho acerca de lo que significa Tolerancia y cómo se practica. Usted ha permitido que cerremos los ojos una noche entera y al abrirlos al amanecer, nuestro entorno tenga otro color y otro significado. Usted ha tenido la valentía de llorar y enseñarnos también a sentir nostalgia y pena. Ha sido sumamente eficaz al mostrarnos que también es necesario temer. Ha sido totalmente oportuno manifestar a través de un abrazo legítimo lo que significa la ternura y que esta manifestación no solo le corresponde a un género sino a todos por igual. Porque todos debemos ser tiernos siempre, con nuestros hijos, con nuestros padres. Con el prójimo. Usted me ha enseñado que aquello que veía insignificante tiene una razón de ser en el mundo; aprender esto ha sido una de las cosas más maravillosas que me han podido pasar. Lo admito y lo digo orgulloso: Soy una mejor persona gracias a que usted es una persona maravillosa.

Gracias por su elección. Gracias por permitirnos conocerlo. Gracias por tocar a mi puerta y considerar que en nuestra casa se sentirá cómodo. Nosotros haremos más de lo que esté a nuestro alcance para brindarle la comodidad que merece sin perder la órbita de ir enseñándole la realidad del mundo en que vivimos. 
Debo advertir y sé que me entenderá cuando digo que habrán momentos difíciles, duros, complicados. Incluso que me lleven a pensar que puedo claudicar pero créame que no lo haremos. La astucia de sus deducciones y el compromiso de nuestra tarea permitirán que sobrellevemos momentos de tensión y los convirtamos en puro aprendizaje. El hecho de que hoy usted esté aquí no es para nada mérito nuestro, al contrario, es bendición de Dios contar con su presencia porque me ayuda a ser un papá con temple, ayuda a mi esposa a ser una mamá invencible y ayuda a mis hijos a ser cómplices de cada etapa de sus vidas; hoy como niños siendo protectores el uno del otro, mañana como adultos siendo uno solo en todo momento. Todo esto lo ha logrado usted.
Siendo así, cómo no podríamos sentirnos dichosos de hacerlo miembro de nuestra familia.

Finalmente, Sr. Asperger, quiero que sepa que lo quiero mucho. Que voy a protegerlo con toda la fortaleza que tienen mis huesos, con todo el amor que me permite el corazón y con toda la inteligencia que me brinda la razón. Repito nuevamente, esta es su casa, gracias por venir. Si algo le incomóda hágamelo saber y por favor, como siempre le digo a mi familia y a mis amigos, vivamos en diversión, no hay mejor manera de disfrutar la vida que divirtiéndonos siempre.

Bievenido nuevamente Sr. Asperger.

 Dedicado a todos los seres humanos con Síndrome de Asperger, especialmente a mi hijo Mateo.