viernes, 8 de marzo de 2013

¡NO!

Decidir escribir de política no ha sido fácil, me ha costado largos minutos de discernimiento por temor a precisamente politizar una ventana que pretende siempre ser amena y reflexiva a la vez. A título personal la política me aburre pero no por ello soy ajeno a ella. Nadie es ajeno a ella en realidad y ya que siempre nos jactamos de vivir en democracia (como siempre debe ser, no lo digo con ironía) apelo pues a mi derecho de libre opinión y me expreso:
 
Los limeños estamos a punto de tomar una decisión política, lejos de importante, novedosa. En un hecho sin precedente nos vemos obligados a elegir entre dos simples palabras monosílabas para determinar la continuidad o la interrupción de una gestión que por voto popular fue democráticamente elegida; así lo veo, así lo siento. Y dentro de esta disyuntiva es que decidí hablar por mí, sin encuestas ni recogimiento de información. Sin estudio previo ni profunda investigación periodística. Buscando, incluso, el lado divertido del asunto.
 
Voy a nombrar mis 5 motivos del NO. De porqué el NO es mi opción clara y de porqué siento, dentro de mi "obligación civil", que las cosas deben seguir el rumbo que ya tienen y no poner zancadillas al destino de una ciudad que ahora más que nunca necesita unidad. 
 
1.- COSTO VS. NECESIDAD
Se dice que usar el argumento del costo de la revocatoria como motivación a optar por el NO es una medida desesperada y "facilista", sin embargo, basta sentarse con una calculadora y sacar cuentas:
- 100 millones de soles aproximadamente es el costo del proceso de la Revocatoria.
- S/. 2.70 cuesta aproximadamente un tarro de leche
- S/. 0.20 cuesta aproximadamente un pan francés
- Con cien millones de soles se puede comprar más de 18 millones de tarros de leche y 250 millones de pan francés, dividiendo en 2 el monto inicial.
¿Cuántos veces cuántos niños de extrema pobreza pueden tomar desayuno con 100 millones de soles gastados en medio año? (lo que ha durado este proceso) y ojo que no estoy considerando el costo de la elección de otro alcalde de acá a 8 meses y pasado un año más otras elecciones para la elección de otro alcalde nuevamente para el siguiente periodo municipal... ¿una barbaridad, verdad?
 
2.- ¿QUÉ PROMUEVE QUIEN PROMUEVE?
Es requisito único y por ende indispensable que para que exista revocatoria debe existir un promotor. Alguien que exponga ¡razones! fundamentales, y repito, que "exponga" razones fundamentales que establezcan un panorama necesario para un cambio tan radical que amerita el someter a juicio popular la remoción de una autoridad pública colocada ahí democráticamente para dar paso a otra que nadie conoce pero, se entiende, tiene mayor capacidad y conocimiento para dicho cargo, en el supuesto que así lo sea.  
Mi percepción es que esto no ocurre. Si yo quiero embarcarme en una tarea tan complicada de colectar 400 mil firmas es porque mi convicción me ayuda a hacerlo y no el canje de un paquete de fideos para una firmita, pues. No, no, 40 veces No. Tampoco el argumento puede ser: Por Incapaz, porque de lo único que ha sido capaz el promotor ha sido precisamente de lucrar con la necesidad de la gente para conseguir el número de firmas necesarias, en parte, claro. Pero se nota que el señor promotor no tiene ni un ápice de dominio de exposición de razones e ideas porque lo que único que sabe demostrar cuando habla públicamente es enseñar que es mejor quedarse callado. Este promotor no promueve, al contrario, destruye, ofende, insulta, ríe cuando debe responder, responde cuando debe callar y calla cuando debe debatir. No sabe qué está haciendo y eso es fiel reflejo de que lo hace porque así se lo han encomendado y tiene y debe hacerlo por el bien de su jefe que hasta el momento prefiere el mutismo como estrategia de victoria, porque, claro, no contento por perder la presidencia, el hambre de poder lo tiene al borde de la inanición.
 
3.- ENVIDIA, ENVIDIA, ME TIENES ENVIDIA, ME TIENES ENVIDIA
La otra noche vi en televisión uno de estos programas nocturnos magazines informativos. Los reporteros, conductores e invitados simularon un salón de clase y una vocera del SÍ fungía de maestra y "enseñaba" a sus alumnos las razones de peso por las que su opción debía ganar. Al inicio de la clase le entregó a cada alumno una lupa y un libro bien estampado y finamente elaborado. El libro era una recopilación de las obras de la anterior gestión municipal en fino papel couché y delicadamente decorada con los colores alusivos al partido político representativo de la actual gesta revocadora. Durante la secuencia, la señorita profesora no salía del mismo reiterante argumento de enumerar los errores que ciertamente han habido en la actual gestión. Hasta aquí puedo decir que, en fin, es válido porque le dieron la tribuna para hacerlo y al día siguiente sería oportunidad de la parte contraria. Pero hubieron dos hechos que me llamaron la atención y me permitieron descubrir un tufillo envidioso en su posición. Un alumno le dijo - ¿entonces profesora, usted propone que votemos 40 veces SÍ - a lo que la maestra respondió - No, 38 veces SÍ y 2 veces NO - por dos regidores que pertenecen al partido del mudo. Y al final, cuando ya la clase ha terminado la vocera dice que las lupas entregadas al inicio son para buscar las obras que la actual alcadesa ha hecho. Es decir, mientras se jactan de un proceso serio, hacen mofa de una consulta popular e invierten más dinero en, dentro de mi muy humilde opinión, trivialidades. Les dejo el vídeo para que lo vean y saquen sus respetadas conclusiones:
 
 
4.- ¡ESO LE PASA POR SER MUJER!
Este mensaje queda clarísimo, sin duda. Ya dejó de ser subliminal la tónica machista que se cierne sobre este novedoso proceso. Conocidos como un país muy machista y que se presenta como tal en todos los noticieros donde se relatan hechos de violencia contra la mujer, de la misma manera y en situaciones de real desesperación han salido a relucir la prepotencia y la ridiculez en torno a la capacidad de la actual alcalde por ser mujer. El hombre no tolera el éxito de la mujer, no soporta que la mujer gane más sueldo que él. Mientras que un hombre de éxito es una persona poderosa, la mujer de éxito es una mujer peligrosa. Ojo, no quiero decir que esto sea explícitamente real, pero sí es una connotación machista y una comparación que no está lejos de ser hablada en cada esquina. Del Castillo no hizo nada y no fue revocado. Belmont fue criticado duramente durante su gestión, y nadie mencionó la revocación. Andrade hizo muy buenas cosas pero bastó la obra de la vía expresa de la Av. Javier Prado por la que lo criticaron duramente y hasta lo culparon por las muertes sucedidas por los primeros accidentes de tránsito ahí ocurridos y, ¿alguien dijo: Revóquenlo? Castañeda por su parte, demoro infinidad de meses en culminar el Metropolitano y tampoco se mencionó la posibilidad de revocarlo. Pero llegó doña Susana, se demoró, sí, en despertar y darse cuenta de la enorme responsabilidad que significa ser alcalde de una ciudad como Lima, sin embargo es honesta desde que abre la boca y, ¡ya!, hay que revocarla. Eso, para mí, es sin duda, una demostración de que no se tolera a una lideresa. Lo dijo el tristemente célebre promotor de la revocatoria en su más infausta frase: "Las damas que dicen que NO siempre terminan diciendo que SÍ" para luego soltar una risa nerviosa y asustada porque se dio cuenta que había dicho en 11 palabras lo que para él significa una dama.
 
5.- LIMA NO PUEDE PARAR
Es cierto, a mí, el mensaje me ha convencido. Compro el mensaje del NO con los brazos entrelazados en señal de abrazo y unidad. Porque es un mensaje limpio, un mensaje puro. Un mensaje sincero que permite reconocer errores y solicitar oportunidades. Un mensaje directo, sin mofa ni insulto, sin bajeza ni infamia. Sin intereses más allá de los necesarios. Es cierto, si se interrumpe lo que se está haciendo ahora la incorformidad va a continuar y va a ser aún peor. Tendremos a un alcalde interino por 8 meses, votaremos por uno nuevo para que se mantenga por un año y luego votaremos de nuevo para que se elija a un nuevo alcalde por 4 años más y si gana Lourdes la revocaremos porque recordaremos que debemos meternos la alcaldía al poto.
Lima se va a ver interrumpida en su proceso de modernizarse. Se vienen haciendo cosas nuevas y necesarias para la ciudad y a veces los errores son parte del aprendizaje. Recalco que me refiero a errores puramente administrativos.
Es cierto, Lima no puede detener su andar que quizá ahora es lento pero que revela que poco a poco se puede ir apresurando el paso. 
 
Me preocupa tanta perorata en tono de campaña así es que voy cerrando mi relato con un comentario adicional:
Hoy vi en Facebook una foto de la policía femenina Delia Grazo quien muriera en una balacera contra delincuentes en Magdalena como imagen del SÍ porque la seguridad ciudadana sigue siendo insegura... no juguemos con la memoria de nuestros héroes por favor. Detrás de esta payasada me imagino a los hijos de esta valerosa policía y ellos no se merecen semejante insulto a su tristeza. Demostremos que podemos ser valientes de nuestra posición y emitir nuestro juicio en virtud de nuestra conciencia sin caer en la infeliz alternativa de usar la imagen de un muerto para llamar la atención.
 
Todo comentario y opinión será bienvenido con total respeto... y expectativa.
 
Moraleja.- Esas paradojas de la vida, ¿no?, sentir que la palabra SÍ es negativa y la palabra NO, positiva.





viernes, 15 de febrero de 2013

LA CASA EN LLAMAS

De lejos vi como la casa ardía, llamas de fuego se formaban sobre su techo y un denso humo negro se alzaba hacia el cielo con el afán de dominar el brillo del día. Supe de pronto que era la casa de Benjamín y eso me asustó. Pese a encontrarme lejos, la ubicación del siniestro coincidía mucho con las coordenadas de la casa y sólo atiné a correr hacia ella. Por dentro sabía y confirmaba que la casa de Benjamín se estaba incendiando. Era pavoroso. Yo iba con mi esposa caminando cuando nos percatamos de esto y corrimos apurados en dirección a la casa en llamas. En el trayecto y con el apuro no hablábamos de lo que veíamos pero sabíamos que debíamos llegar. - Ojalá no haya nadie adentro -. Pensé. Y mientras creíamos que ya estábamos más cerca veíamos el humo más lejos y eso nos atormentaba. Era desesperante. A pesar de la confusión continuamos corriendo por varios minutos más. Cuando llegamos a la esquina confirmamos que efectivamente la casa de Benjamín ardía por dentro y por fuera. Nos acercamos poco a poco, lentamente. Queriendo no ver lo que veíamos pero ante lo evidente era imposible. Llegamos a la entrada, la puerta estaba abierta. Sirenas de bomberos se oían a lo lejos. Decidimos entrar.
La casa estaba totalmente vacía. Los muebles que siempre nos mantuvieron cómodos en nuestras visitas no estaban, los adornos que siempre acogieron no existían. Las plantas que siempre alegraban, ahora ausentes, entristecían el ambiente. Las paredes se mostraban ennegrecidas por la furia del fuego y los techos tiznados porque las llamas alcanzaron cada rincón. Pero era raro que no hubiera nadie. Nada ni nadie. La casa estaba como abandonada pese a que sabíamos que Benjamín y su esposa vivían ahí.
Todos los ambientes tenían la misma apariencia lúgubre que un incendio presenta cuando se sofoca. Llamó mucho mi atención que los pisos estuvieran mojados y con residuos de ceniza en fiel demostración que el incendio había sido controlado pero que debía dejar esa soledad alarmante y que un mensaje había en todo esto. Fue triste ver, tan de cerca y con miedo, la casa en llamas...
 
... y desperté. Fue un sueño muy extraño. Lo recordaba tal como lo relato: La casa de Benjamín en llamas que divisé a los lejos. Corriendo hacia ella, entrar, encontrarla vacía, quemada y con el piso mojado. Recuerdo como fotografía la imagen del fuego sobre el techo y el denso humo negro dirigiéndose en dirección del viento y yo a lo lejos viendo lo que sucedía. Cuando mi esposa se despertó le conté lo que soñé. Era un tema interesante considerando que Benjamín estaba internado en un hospital delicado de salud. - ¿Qué significará este sueño? -, le pregunté e inicié mi rutina de todas las mañanas sin dar mayor importancia a la coincidencia.
 
A los diez minutos sonó el teléfono, mi esposa contestó. Era mi mamá. - Benjamín ha fallecido -, le dijo y yo me quedé inmóvil.
 
Nunca recuerdo mis sueños y sobretodo con tanto detenimiento y precisión de detalles. Benjamín es el cuñado de mi mamá. Falleció hace unos días. Su esposa, mi tía, se ha quedado solita en la casa grande, esa misma casa que ardió en mis sueños. Había un mensaje ahí.
Me sentí muy extraño el resto del día. No interpreto los sueños ni tampoco creo en el significado específico que se les da, eso me parece una patraña. Pero con este sueño y el posterior suceso sabía que había un motivo. Todo me parecía confuso.
Benjamín murió en la madrugada y estoy seguro que mientras él moría yo soñaba con su casa. Nadie puede tildarme de mentiroso porque la prueba está en que primero conté mi sueño y luego me enteré de la muerte. Ahora me acuerdo y siento angustia pero felizmente encontré el significado propio y personal con el que debo interpretarlo.
 
Por la noche de ese día, en el velorio, abracé a mi tía con mucha fuerza, con todas las ganas de proteger su fragilidad. Quien tiene el privilegio de conocerla coincidirá conmigo en que ella es significado de dulzura, nobleza y fe. No conozco a nadie tan desinteresada, bondadosa y sacrificada como ella. A nadie. Es un ejemplo. Es un honor ser su sobrino.
 
Temía contarle mi sueño porque precisamente no había sido algo que quisiera que se haga realidad. Podía entristecer más su difícil momento y tratar de explicar por qué ese sueño y ese día ni yo mismo podía hacerlo. La dejé un momento y me acerqué al ataúd. Benjamín estaba tranquilo incluso radiante descansando ya de sus días difíciles de la enfermedad que lo aquejó. Simplemente pensé "hasta pronto" y regresé a mi asiento. Le dije a mi tía que Benjamín estaba guapo. Ella sonrió y con un encanto propio de una niña que relata con ternura un momento de su vida, me contó las últimas conversaciones que tuvo con su esposo. Puse mi brazo alrededor de su cuello en señal de protección y comencé a contarle mi sueño. Ella no podía creer la extraña coincidencia. No cuidé detalles, simplemente lo conté. Un escalofrío recorría mi cuerpo pero las palabras salían como obligadas, ordenadas pero como por decisión propia. Se extrañó pero volvió a sonreír. En ese momento entendí el mensaje. - Benjamín, con ese sueño, me ha pedido que te cuide, que te proteja, que corra a ti si necesitas ayuda, y lo voy a hacer. Benjamín me ha pedido que te cuide, y lo voy a hacer -.
 
En ese momento todo tuvo un orden más claro y una explicación más dirigida al momento. Sí creo en la fuerza y el poder del amor. Sé que las cosas no suceden simplemente porque tienen que suceder sino porque están predestinadas. Mucho hace el libre albedrío pero otra parte es responsabilidad del destino ya escrito. Mi sueño más que eso fue un mensaje. No fue claro porque yo debía darle la interpretación correcta y así lo hice. Y me siento bien por eso. Nuestra mente es más fuerte de lo que nosotros pensamos. Es poderosa capaz, efectivamente, de despedirte incluso cuando estás a punto de morir.  
 
En mi sueño hubo fuego y agua. Dos elementos fundamentales para vivir.
El fuego es señal de vida, no de destrucción. El fuego alumbra cuando hay tinieblas, guía el camino cuando es antorcha y calienta el frío cuando es fogata. El fuego es necesario. 
El agua, por su parte, purifica, limpia y es vida. Reconforta al sediento, cura al herido y renueva cuando refresca. El agua también es necesaria.
Ahí estaba el mensaje completo: No pienses que todo aquello que se ve mal necesariamente continuará mal porque lo malo dura el momento que nosotros queremos dando pase a lo bueno sencillamente para disfrutarlo.
 
La casa en llamas buscó mi atención porque debía ir a buscarte. Estaba vacía porque no va a ser lo mismo sin él. Tenía agua en sus pisos porque se está purificando para dar inicio a una nueva etapa, de renovación. Y ahora toca entender, porque asumo que será muy difícil buscar compañía en la soledad. En esa soledad de pensamiento. Esa soledad que estoy seguro llegarás a comprender con tal sabiduría que encontrarás esa tranquilidad que mereces y necesitas. Y por supuesto la compañía que todos te daremos siempre.
Isa, juntos renovaremos la casa en llamas.
 
Moraleja: Hasta siempre Benjamín, gracias por tu último mensaje.





sábado, 9 de febrero de 2013

LA LENTA MÁS LENTA

Recuerdo siempre las series de televisión que veía en mi época, incluso cuando no era común tener cable en casa. Las pasaban traducidas al castellano por señal abierta en el horario estelar y al día siguiente era comentada: Salvado Por La Campana, Los Años Maravillosos, ¿Quién manda a quién?, Mr. Belvedere, Tres x Tres, El Show de Bill Cosby... y etcetera. Buenas series, con buenos mensajes. Programas que se dejaban ver en familia y que, además, podíamos ver las repeticiones hasta el anuncio de nuevos capítulos que nuevamente acaparaban toda nuestra atención... por lo menos durante las dos semanas que duraban. Llegué a hacer una videoteca grabando en VHS muchos capítulos de las series que menciono; no miento si digo que llegué a grabar cerca de 80 cassettes y tantas veces los vi que llegué hasta a aprenderme los diálogos... pero de tal manera avanzó la tecnología que de estos vídeos sólo me queda el recuerdo. Ahora la internet simplifica todo. Pero por ahí no va mi relato, no. Si menciono lo de las series de televisión es porque rememorarlas trajo a mi mente un recuerdo: Todas estas series juveniles se caracterizaban por algo. Siempre, en su secuencia de capítulos, debía haber uno dedicado al famoso Baile de Graduación en donde el guión aprovechaba la situación para por fin unir a la pareja protagónica en un idilio apasionado que fomentara más enredos en su historia. Por lo general las escenas de la Fiesta de Graduación duraban poco, empezaban con el director del colegio expresando palabras de bienvenida y terminaban cuando el DJ anunciaba el baile lento proseguido del abrazo, el chape y el fin del capítulo.
 
Y es el famoso baile lento, o La Lenta como todos lo conocemos, aquel momento que marca un antes y un después en nuestras vidas. Nuestras fiestas, (las de antes porque hoy en día ya no se bailan lentas porque hasta con el ♫ todo de me da vueltas, todo me da vueltas, todo me da vueltas vueltas vueltas ♪ igual las parejas se abrazan y chapan como si bailaran Everything I Do, I Do It For You de Bryan Adams) tenían ese momento mágico de oír la lenta para que las parejas de barrio se junten. Ella con él, él con ella, ella frente al espejo y él con él recontra caletas. La cosa es que llegara el momento oportuno de una lenta para ponerse en posición: Ella con la manos sobre los hombros de él, él con las manos en la cintura de ella. Él mirando la cabeza de ella y ella mirando los zapatos de él. Él queriendo acercarse a ella y ella queriendo alejarse de él. Él sonriéndole como cojudo a ella y ella correspondiendo la sonrisa acojudada de él. Él dando pasitos lentos como péndulo llevándola a ella y ella dejándose llevar repitiendo los pasos de él. De pronto él asume el momento corajudamente y lleva sus manos a la espalda de ella, entonces ella lleva sus manos a la nuca de él. Él coloca su cabeza por encima del hombro de ella y ella acomoda su cabeza en el pecho de él. Los pasos de péndulo continúan uno a uno. Él busca la mirada de ella y ella se hace la loca y dirige su mirada nuevamente a los zapatos de él. Él por encima del hombro de ella mira a su amigo de a lado y hace un gesto de campeón dando a entender que el momento se acerca mientras ella mira a su amiga que baila a lado el mismo paso lento con un desconocido y se pone virola en señal de no estar muy satisfecha con el baile pendular. Él decide coger suavemente el cuello de ella y ella tímidamente alza la mirada para verlo a él. Él y ella siguen dando vueltas sobre su eje, ella y él parece que han hecho click. Él junta el hocico en forma de beso y ella cierra los ojos con fuerza. Ella acerca su cara a él y él, como si se tratara de una escena en cámara lenta, con mucha sutileza intenta apuntar a los labios de ella. Ella y él aprovechan la melodía lenta que obligó a apagar las luces del local para unirse en un ósculo húmedo y atrevido. Él y ella están a punto de besarse y en ese preciso instante, luego de tanta demora y pasitos de quien se ha hecho el dos en el calzoncillo, las luces de pronto se encienden, termina la lenta y empieza a sonar Sopa de Caracol y a la mierda el beso.  
 
Así eran nuestras fiestas, en casa de los amigos. Cuando siempre había un motivo que celebrar.
 
Teníamos alrededor de 15 años, un amigo hizo una fiesta en su casa por un motivo que no recuerdo. Estábamos todos invitados. Cada uno debía hacer gala de sus mejores trapos, peinados y perfumes. Yo usaba un arete para entonces, chompas coloridas (que no entiendo cómo podía usarlas), pelo largo y kilos o litros de gel para dar un aspecto más encantador a mi mal aspecto. En casa del amigo estaban sus familiares repartidos en la sala y comedor y entre ellos la mancha del barrio, nosotros, dispuestos a bailar, tonear y pasarla bien. Pasaron las horas, nos divertíamos. Habíamos acaparado la fiesta y todo marchaba realmente bien. Pero ya era hora de La Lenta... tenía que escucharse. Necesitábamos que de pronto las luces se apaguen y que las parejitas se junten. Sentada en el sofá estaba con quien yo quería bailar y hacer todo el itinerario del Ella y él, él y ella. Entonces me acerqué al dueño de cada y le dije "Oe, La Lenta pe'" y señalé a la chica del sofá. Entonces mi amigo anunció La Lenta y dijo que todos debían bailar. Las luces se apagaron y el recinto quedó iluminado por el alumbrado público que ingresaba gratis por las ventanas. Apagó la radio. Sacó un cassette de su estuche, lo puso en la radio. Dio play y empezó a sonar Unchained Melody (Melodía Desencadenada), la canción de la película Ghost, famosa entonces. Las chicas soltaron un grito agudo. Algunas parejas de inmediato salieron a la pista, otras tuvieron que ser forzadas a salir y los que no tenían la más remota idea de lo que era bailar o salían de la casa o se escondían en el baño. Le insistí a mi amigo por medio de señas con los ojos que me juntara con la amiguita del sofá para bailar... él se dio cuenta que quien había incentivado el baile era yo y me pidió que no me preocupe. Pude notar en su aliento que la mezcla de Ron Medellín con Mambo de fresa-banano o mango-albaricoque no le favorecieron en nada (que levante la mano quien no ha tomado esas mezclas en su iniciación alcohólica...¿nadie?, sigamos entonces) y me dijo que de inmediato me pondría en la pista de baile con quien yo pedía. En su tambalear se acercó al sofá, yo iba contando los segundos. Ella seguía ahí sentada y mi amigo, errante como el solo, comenzó a dirigirse a otro lado... ¡NO!, pensaba yo... ¡NO, Por favor!... Y en eso el borracho este coge la mano de su tía de 194 años y le dice con voz confusa "Mi pata Franco quiere bailar contigo"... - Ay, qué galante muchacho -, escuché yo y en menos de 5 segundos ella me cogía del cuello y yo cogía con mucho cuidado unas caderas fofas y gigantes. - Qué guapetón de muchacho - seguía diciendo la vieja mientras que con sus juanetes me iba metiendo cabe a cada paso. La danza seguía su curso y yo parecía una marioneta. De pronto me cogió de las mejillas y me sarandeó de un lado a otro - Ay, pero que bello muchachito, me lo como -, inmediatamente la imaginé metiéndome a una olla gigante para hacer Estofado de Franco. Las demás parejas se reían y la tía en pleno momento álgido y emotivo de la dramática canción a la mitad de su melodía, aplaudía como quien baila La Macarena en un crucero... quemó la vieja. El olor a Heno de Pravia que emanaba de sus enaguas era terrible, yo sólo le pedía a San Expedito que por favor me convierta en pedito y me saque de ese cuadro aterrador. La señora parecía un trompo carretón dando vueltas con el equilibrio de un elefante en scooter y yo un  muñeco de trapo danzando al vaivén del viento y forcejeo de la enorme mano de mi pareja de baile. Cuando la música terminó, la señora me agradeció acercando sus enormes labios rojos a mi frente y estampando un tatuaje de colorete me agradeció la gentileza y oportunidad dado que no bailaba desde que se estrenó Lo Que El Viento Se Llevó que coincidió con el día que cumplió 40 años - Dame un abrazo, belleza - dijo, me estampó otro beso en la mejilla, me abrazó quebrándome 3 costillas y se fue a sentar. Y ahí quedé yo, en medio de la pista de baile, con las luces ya encendidas, despeinado y casi violado a vista y paciencia de todos quienes apreciaraon La Lenta más lenta de toda mi vida.  
 
Y así sucedió... mi primera Lenta en realidad hubiera querido que sea sumamente rápida para que termine pronto... pero las cosas pasan por algo... o por algo es que estas cosas siempre me pasan a mí.
 
 
Moraleja: Nadie me quitará lo bailado...!


viernes, 18 de enero de 2013

MI SANGRE TAMBIÉN TE PROTEGE

Esa noche dormí despierto. Mirando hacia un mismo punto en el techo y formando imágenes con las sombras producidas por las pocas luces que entraban por la ventana. Y en cada sombra te veía aún sin conocerte. Cuando más pensaba en ti y en tu rostro desconocido mis palpitaciones se aceleraban y una sonrisa se dibujaba sola en mi rostro. Para que amanezca faltaba mucho y el calor de mi angustia mitigaba el frío del invierno. Daba vueltas en la cama, bostezaba, sonreía, miraba por la ventana, me levantaba, daba diez pasos nerviosos y volvía a acostarme. Comencé a contarte quién era yo y mi corazón me decía que estabas escuchando. Y así, luego de una larga noche en la que conversamos sin detenernos, la luna oculta dio paso al día y amaneció.
 
Mi relajo era tal que creí haber dormido toda la noche sin embargo había sido tu picardía la que en realidad me mantuvo despierto. No quería que te vayas de mi mente, pero la mañana fría se vio interrumpida cuando abrieron la puerta de nuestra habitación.
 
- Bien Señora, tenemos que llevarla para la preparación -. Dijo una de ellas. Yo aún en ropa de dormir no atinaba sino a interrumpir la rutina. Mamá reía y acomodaba su andar a la enorme panza que aún te servía de refugio. Ese día verías la luz y yo, aún sin conocerte, ya imaginaba tu carita. Ya te quería cargar, ya quería tenerte conmigo.
 
Quise estar cerca todo el tiempo pero andaba de un lado para otro. Tenía intención de cerrar los ojos con mucha fuerza y de pronto despertar de nuevo y que todo haya pasado y tú ya a mi lado.
 
- Póngase esto -. Y me dieron una indumentaria de enfermero. El momento había llegado, verías la luz y si llorabas te consolaría como pudiera, no importaba el modo. - Pase por aquí por favor. - Y entré a una sala grande. Mamá estaba acostada en una camilla y yo a lado de ella sabía donde estaba pero estaba perdido. Mis piernas no respondían. Todo marchaba como debía pero era un loquerío. Tu llegada ameritaba más decoración. Quería inflar globos, aventar serpentinas, soltar picapica, tocar pitos y girar matracas. - Vamos a empezar -, escuché decir. Un bisturí formaba una puerta de salida por la que conocerías el mundo. Yo miraba pero no sabía qué. Tan solo miraba.
 
Todo marchaba bien, la doctora me invitó a posicionarme en un lugar estratégico para apreciar cada segundo de tu arribo al mundo. Quería que todo pasara más lento, poder nombrar cada situación... pero parecía que las manecillas del reloj daban vueltas con mayor velocidad y así el tiempo. No había tiempo para reconsiderar, todo era una secuencia de actos uno tras otro, precisos que debían suceder paso a paso sin interrupción.
 
La manera como intentaban sacarte del vientre de mamá era impresionante. Con fuerza y destreza e incluso "abuso" maniobraban a su antojo tu delicado cuerpecito aún protegido pero algo pasaba, no salías. Mi cuerpo en lo que tarda medio segundo se quedó paralizado. - ¡¡¡Viene deflexionado!!! -, dijo la doctora encargada del parto y le dijo a su colega que se ocupe de lo suyo. De inmediato una doctora estaba sobre el cuerpo de mamá haciendo presión sobre el vientre para empujarte. Yo tuve ganas de detener todo sin saber qué hacer después. Me contuve. Para mi fueron horas pero recapitulando fueron quizá tres minutos los que demoraste en salir luego de que te desviaras en el vientre de mamá y obstaculizaras tu salida. (Te entiendo, para como a veces es el mundo, sería increíble quedarnos dentro de mamá siempre, ¿no?).
 
Y ahí estabas, Santiago, impresionándome desde el primer segundo en que respiraste mi aire y tus pulmones ensordecieron el recinto donde estábamos. Pese a recordar cada segundo como una película que se repite en mi mente aún permanecía entumecido sin reacción, tan solo asombro.
 
- ¡Toma la foto! - Gritó alguien y yo apreté el botón de la cámara y...
 
 
... capté la imagen más bella y más hermosa que tengo de ti. Sin poses ni sonrisas. Sin fondos de paisajes paradisiacos, sin cataratas ni flores silvestres. Sin playas de mares verdes o cielos despejados con nubes de diseño perfecto. Sólo tú, con lo ojos cerrados con firmeza debido a la furia de tu primer llanto. Con los bracitos y piernitas estirados en señal de defensa y abrazo. Con el pelito peinado, pretensioso desde nacimiento. Con ese color rosadito que tanta pureza manifiesta. Y protegido con la sangre de mamá. La nueva Vida y la Sangre del momento más feliz de mi vida, confluyen en mostrarme las infinitas razones de ser inmenso para cuidarte e insignificante ante tu grandeza. Me impacta recordarte así, lloro como lo hago en este momento y debo interrumpirme para calmarme mientras te contemplo. La sangre nos une, es vital para vivir. No existe otra imagen en el mundo que supere la autenticidad del amor que ver el nacimiento de un hijo tal como sucedió. Mi Sangre también te protege, hijo mío. Y verte así, decorado en el maravilloso don de la vida con la sangre de mamá protegiéndote, no tengo más que agregar, tan solo, gracias por existir.
 
Han pasado ya algunos años desde aquella noche que dormí despierto y hablé contigo aún sin conocerte. Tal como te imaginé eres. Tal como me respondiste esa noche lo haces hoy. De la misma manera en que esa noche me impresionaste hoy lo logras con creces. Y del mismo modo que cambiaste mi vida esa mañana, ahora lo haces a diario.
 
En mis momentos de silencio, cuando nadie me escucha y puedo hablar mirando hacia el cielo, suelo pedir el mismo deseo: Siempre ruego partir de este mundo antes que tú e irme cuando ya no sea necesario estar aquí pero sí tener el tiempo suficiente de verte completar todos tus anhelas. Y si en mi partida te genero nostalgia, no será significado de que fui un buen padre sino de que tú nunca dejaste de ser un estupendo hijo. 
 
Gracias hijito, este es un muy humilde homenaje que mi mal llamado don de escribir te otorga en gratitud por todo lo que haces por mí, sobre todo, hacerme una mejor persona cada día. Te amo, Santiago.
 
Moraleja.- Santiago querido / Santiago añorado / Tú a mí me has dado / Todo lo más puro de mi corazón     
 

viernes, 11 de enero de 2013

EL MUNDO DE LOS IDIOTAS

Hace mucho tiempo descubrí que me satisface caminar. No me cansa, al contrario, me relaja, me distrae y me permite pensar e incluso organizarme. No lo práctico como deporte en realidad pero cada que puedo aprovecho la oportunidad de evitar una combi y caminar doce cuadras y así ahorrarme cincuenta céntimos para invertir en, por ejemplo, unos churros buenazos que venden por ahí.
 
Aprendí a convivir con mis caminatas cuando me veía obligado a hacerlas porque me quedaba sin pasaje. Hace mucho tiempo atrás en época de colegio, recibía mi pasaje para toda la semana los días lunes y el martes ya no tenía nada, por ende, debía caminar y así lo convertí en hábito.
 
Y son en mis esporádicas caminatas que me he dado cuenta que existe el mundo de los idiotas y lo más llamativo aún, que yo soy uno de ellos, y aún más interesante, que no me quejo de serlo y hasta lo comparto con quien sé le va a ser útil.
 
Todas las mañanas llego caminado tranquilo a la estación del bus que me llevará al trabajo. Mis pasos son descansados porque no voy apurado. Me acostumbré  a salir oportunamente de casa porque la impuntualidad y yo no nos conocemos, felizmente. Sin embargo veo a muchos que corren presurosos, apurados, desesperados, sin importar la tranquilidad de los demás. Y un día pasó que por mi andar tranquilo ajeno a la rutina ajena interrumpí involuntariamente la carrera de un enternado caballero que por no poder mantener el ritmo de su velocidad tuvo que detenerse intempestivamente detrás de mí pero sin éxito. Me golpeó, hizo caer lo que yo llevaba en mano y al reanudar su paso me dijo: Idiota, salte del camino. Entendí que los idiotas somos puntuales, nos tomamos el tiempo prudente para evitar los apuros y acomodamos el día a nuestra costumbre. Más adelante este personaje intentó ingresar al bus cuando éste cerraba sus puertas y como no pudo ingresar, más alterado aún le gritó ¡Idiota! al conductor. Aprendí entonces que idiota también es aquel que cumple sus funciones a cabalidad y no quien arriesga su vida por ganar un par de minutos a la mañana.
 
Luego, frente a un cruce peatonal esperé a que el semáforo me diera la oportunidad de pasar. La cuenta regresiva me decía que debía esperar aún 35 segundos para que cambie a verde. Tranquilo esperé y mientras tanto vi a muchos apurados cruzar la pista a la carrera sorteando los autos que tenían preferencia de pasar. En eso, una mujer al volante sobrepara su auto para evitar atropellar al intrépido peatón y es éste quien le dice Idiota a la mujer del carro, continuando su andar ahora con cólera. Ya entiendo, Idiota es quien evita matarte cuando cruzas la pista cuando no debes.
 
Sigo caminando y decido entrar a un supermercado a comprar algo de comer. Dos personas conversan delante del mostrador de las bebidas naturales. Observan una botella que al cogerla derrama su contenido porque está muy llena. El que tiene la botella en la mano se molesta porque se manchó la corbata. Su acompañante le dice entonces que guarde la botella en su maletín y la lleve sin pagar porque nadie le va a reponer la corbata manchada. El otro responde que no puede hacer eso a lo que el valiente interlocutor le increpa que no sea Idiota y la guarde nomás. Felizmente desiste pero me queda la enseñanza de que ser Idiota es tener valores bien asignados en el comportamiento personal y no cometer delitos.
 
Al llegar a caja veo a una señora llevar un periódico que paga con un billete de 20 soles. La señorita de la caja observa el billete y luego de revisarlo le dice a la clienta que es falso. - Qué Idiota que eres, niña - dice la mujer y raudamente arrancha el billete a la cajera, deja el periódico y apurada sale de la tienda. Es curioso, aprendí que ser idiota es cumplir atentamente con tu trabajo y evitar ser estafado con un evidente intento de querer sorprender a un empleado de supermercado con un billete, a todas luces, falso e intencionalmente usado para el engaño. Ser idiota es sinónimo de astuto, por lo visto. Tomen nota por favor.
 
Casi llegando a la oficina me detengo a leer algunos periódicos y en la portada de un diario deportivo se deja leer la lamentable noticia de un motociclista que falleció participando en la competencia del Rally Dakar. Un ávido lector comenta con el dueño del kiosko acerca de eso y escucho decir al vendedor que este piloto murió en su ley haciendo lo que quería y el opinólogo cierra la conversación respondiendo que el tipo ese fue un idiota por matarse de esa manera. No olvido la frase: "Pa' que se mete a montar moto en un país que no es el suyo, idiota pues, ahí 'ta, ya se murió pe... Gringasho debería montar moto así se escapa más rápido jajaja" y así, concluyó riendo. Entendí el mensaje, idiota es el deportista de 25 años que decidió ser sano y viajar hasta nuestro país para participar de su pasión. Lamentablemente murió, es cierto y es una lástima, hemos perdido a un gran idiota. Y claro, ejemplo a seguir es un muchacho atolondrado y asesino que escapa de su reclusión y quien a sus 17 cortos años (8 menos que el idiota de la moto) ya tiene un prontuario criminal que probablemente inspire películas y miniseries que liderarán el rating del canal al que se le antoje la idea (que dicho sea de paso ya se oye por ahí).
 
Y así, en mis itinerantes caminatas, veo a diario que vivimos en el mundo de los idiotas y que idiota es quien no arroja basura en la calle y ciudadano ejemplar quien lanza por la ventana de la combi las cáscaras de mandarina que se le antojó comer o la botella de gaseosa que terminó de tomar. Idiota es el policía que impone una justa papeleta y honorable es el que pide la coima. Idiota es quien sede el asiento y educado quien se hace el dormido. Intrépido y audaz es quien maneja borracho e idiota el infausto que cruza la calle en ese momento llevando el pan a su casa para tomar lonche con sus hijos y muere en el intento.
Un idiota es pues, una persona que yo quiero ser. Sí, quiero ser idiota y lo práctico a menudo y veo también a muchos idiotas que sí respetamos las reglas de urbanidad porque existen ya sea por cultura o por ley.
 
Obviamente no pretendo ser un perfecto idiota, claro. pero me esforzaré por serlo. Y si trato este tema es porque ésta es mi tribuna, en la que muchas veces plasmo la experiencia que divierte pero también la realidad que es parte de nosotros. Mis caminatas me han ayudado a discernir y decidir que ser idiota, valga la ironía, es bueno. Siento hasta orgullo de pertenecer al mundo de los idiotas porque me permito una contribución minúscula de valores para una sociedad que tanto lo necesita. Necesitamos respeto entre nosotros. Tratarnos como si fuéramos todos extranjeros porque ante ellos mostramos lo mejor de nosotros. Ser lo más idiotas que podamos con la única intención de superarnos a nosotros mismos y ser mejores. Creo que cuando eso comience a suceder podremos decir entonces que finalmente vamos por buen camino.
 
Moraleja: Tengo el orgullo de ser Idiota y soy Feliz.  

   

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL ÚLTIMO CONVOCADO

El fútbol, en el Perú, es desde hace mucho tiempo un deporte ingrato. Sin embargo con fe seguimos confiando en él. Incluso no es difícil pensar que Cristóbal Colón imaginó una pelota de fútbol para describir la redondez de la tierra (porque el cuento del huevo me parece hueveo) y hasta le propuso a la Reina Isabel apostar su certeza disputando una pichanguita.
El fútbol mueve multitudes, ciudades, naciones... mueve al mundo entero. Pone en vilo nuestras emociones, nos hermana y nos enemista. Crea ídolos capaces de reemplazar dioses. Cuando Perú gana un partido importante, une a la gente en alegría y borrachera y cuando ocurre lo contrario emborracha a la gente en busca de alegría. Es, quizá, el deporte millonario por excelencia. Ya sea en la disputa de un Clásico, de un Descentralizado, de una Libertadores, de una Sudamericana, de una Copa América, de una Eurocopa, de un Mundial o del Mundialito del Porvenir el hombre habla de fútbol. El ser humano respira fútbol más que por otra actividad deportiva incluso moderna.
Pero empecé diciendo que es ingrato porque aún no nos satisface a los peruanos, por lo menos de mi generación, como quisiéramos; porque en cada Eliminatoria, por cierto, nos eliminan; y ahora que la llaman Clasificatoria, pues no clasificamos. Sólo espero poderte ver llegar al Mundial, Perú querido, pero no sólo a través del logo de MarcaPerú, sino a participar del evento más importante del football mundial.

Irónicamente, pese a que disfruto mucho viendo fútbol por televisión, nunca me gustó jugarlo. Ni siquiera voy al estadio. Siempre rehuyo a la oferta de pichanguear un fin de semana. Me excuso diciendo que soy malo (y lo soy con ganas) y que mejor no cuenten conmigo. Yo puedo ir a comprar las chelas al final del partido si quieren pero jugarlo no. Y esto me sucede desde siempre: De chico vivía en una casa grande con jardín y siempre habían regadas varias pelotas que conforme las navidades y cumpleaños pasaban, se sumaban a las demás. En realidad las veces que cogía mis pelotas era para rascármelas pero no estamos hablando de esas sino de las de cuero. En fin, una que otra vez pateaba una pelota y nada más, ni entusiasmo sentía. Pero claro, cuando te ponen por obligación en una cancha, algo tienes que hacer, ¿no?

Fue en el colegio, en 6to. de primaria. Para el tercer bimestre del año las clases de Educación Física consistían en disputar sendos partidos de fulbito en la enorme cancha del colegio. Luego de practicar el Test de Cooper (trotar durante 12 minutos) se formaban los equipos y se jugaban dos tiempos de 20 minutos cada uno aproximadamente. Los capitanes elegidos por el profesor uno a uno señalaban a los compañeros que formarían parte de sus dinámicos equipos. A mí por lo general me elegían cuando las opciones ya eran mínimas, casi a punto de convertirme en el último convocado. 
Mi apellido lo escuchaba ya por consuelo; una cosa así como "mmmm bueno pues... Benavides" y de inmediato pero con cierto temor pasaba a la fila de los convocados.

Ya en la cancha mientras veía la euforia colectiva de todos y yo sin comprender qué pasaba atinaba a no moverme de la zona donde me habían instalado. Ni sé a qué posición correspondía pero recuerdo que estaba casi cerca al banderín del corner con mis zapatillitas y mediecitas bien blanquitas, mi short azulino bien ajustado y el maldito suspensor irritándome las ingles. Pero ahí estaba yo. Mis compañeros de equipo armaban la estrategia y decían "no se la pasen a Benavides, ah" y yo agradecía el gesto y volvía con mi amigo el banderín.
Pero una vez, en el último partido, el decisivo, el crucial, el más intenso de toda la temporada, tenía que pasar lo que pasó. Antes de entrar a la cancha me persigné pidiendo a San Pelé que me doble el tobillo ni bien ingrese al campo para tener excusa de salir de inmediato pero San Pelé se equivocó y le torció la pata a otro, para colmo a uno de los más eruditos en la materia del dribling y el pase largo quien por lo general jugaba de centro delantero. Batalló por un momento pero el dolor pudo más y abandonó el juego a la mitad del primer tiempo. El capitán del equipo nos reunió para acomodar el ataque y la estrategia cuando de pronto todos me miraron. Yo sabía que algo nuevo se venía; quizá confiarían en mí para ponerme de defensa o entre todos me patearían para romperme el peroné y así justificar que con dos bajas no podíamos continuar el juego debiendo postergarse para la siguiente semana. Felizmente no fue la segunda opción. Optaron, entonces, por separarme del banderín y ponerme de defensa con la orden "Tú solo patea" y se reanudó el juego. Faltando 3 minutos para que acabe el primer tiempo nos metieron un gol (nótese que digo "nos metieron un gol", señal de que ya estaba bastante integrado en el asunto). Nos fuimos al cambio de cancha. Yo sonriendo y el resto del equipo con una afán de usar armas de fuego, alucinante. Nos acomodamos nuevamente en la cancha. Sonó el silbato que daba por inicio los últimos 20 minutos de contienda y la consigna era una: Ganar el partido. Veía a mis compañeros correr como Oliver Atom y a nuestro arquero como Benji Price.
 
En una salida rápida igualamos el marcador 1 - 1. Vi al dueño del gol correr como ratero por la cancha hasta llegar a los demás muchachos quienes se unieron en un abrazo y en ese momento me di cuenta que yo estaba más solo que Tarzán en el día de la madre así es que sigiloso pero a prisa me acerqué al grupo y me lancé encima de todos a celebrar el gol. Finalmente éramos equipo.
Pero el empate no era victoria así es que estábamos de nuevo como habíamos empezado pero con más adrenalina encima. Sí, me pasó a mi también. Sentía mucha emoción y me puse a pensar en eso. Me imaginé entrando en el mejor equipo y luego siendo convocado para la selección. Vistiendo la blanquirroja. Saliendo de camerinos hacia el campo, escuchando mi nombre en coro a estadio lleno. Posando para la fotito de álbum de Navarrete. Dando autógrafos. Moviendo el balón como los dioses. Ganando el Balón de Oro, la Pelota de Oro, el Calzoncillo de Oro. Toda una estrella del fútbol... y en ese preciso momento mis pensamientos se estrellaron de cara contra mi realidad regresando de improviso a mi posición en la cancha del colegio jugando el último partido de la temporada. La pelota había llegado a mis pies por una mala jugada del adversario. Simplemente no sabía qué hacer, oía las pisadas contra el campo de los oponentes que se acercaban violentos a quitarme la pelota con pie y todo si era necesario. Empezaba a sudar, a dar pequeños brincos en mi sitio. Sentí mareos. Pasaba la saliva con dificultad. De mi equipo no había nadie cerca. Mi arquero, lleno de ternura, me dijo "¡¡¡patea conchetumadre!!!". Miré hacia atrás con la mejor cara de imbécil que pude para poder verlo como pretendiendo que me repita la orden y así lo hizo con más entonación acompañado de un escupitajo rabioso. Volví la mirada y 6 trogloditas se me acercaban iracundos y como si la vida se viviera en cámara lenta flexioné la rodilla llevando mi pie hasta mi nuca prácticamente, cerré mis ojos con fuerza generando energía desde mi testículo derecho hasta la punta de los pies y logré patear la pelota con la punta de la zapatilla de tal manera que sentí mi pie hundirse en el cuero del esférico. Éste salió disparado cual bala de cañón para el asombro de todos, propios y ajenos. La pelota surcó todo el campo y luego comenzó su descenso muy cerca al arco rival y antes de que impactara contra el piso una patada certera de un compañero llevó la pelotita directamente al fondo del arco. Nada pudo hacer el arquero. Fue un gol extraordinario. El grito se hizo escuchar mientras uno a uno caían encima de mí mis jugadores, para festejar el triunfo entre todos y felicitar mi "extraordinario pase de gol". 2 minutos después el partido terminó, ganamos 2 - 1 y fue una tarde inolvidable... que hoy recordé, 22 años después, mientras que, jugando fútbol en la sala de mi casa con mis dos hijos y contándoles mi anécdota, recapitulé en mi pasé de gol... y rompí la lámpara del comedor.
 
Esa vez en el colegio jugué mi primer y único partido. Es cierto, no me gusta jugar al fútbol pero me gusta verlo. Disfrutarlo en familia y con amigos. Sufrir y emocionarme. Festejar o lamentarme. Es parte de esa pasión que despierta este deporte. Lo triste es ver cómo se pierden partidos no por superioridad futbolistica sino por inferioridad profesional... pero ese es otro tema... yo prefiero imaginar que juego en un mundial haciendo un pase de gol... y claro, evitar seguir rompiendo los focos de mi casa.
 
Moraleja.- Todo hay que hacerlo con Pasión para contribuir a marcar los mejores goles de nuestra vida.

sábado, 6 de octubre de 2012

DONES Y CONDONES

A los 21 años me mudé solo, dejé el nido y convencido de iniciar mi independencia aterricé en un modesto y enano cuarto de un departamento miraflorino cerca a todo. Los primeros días fueron de adaptación a mi nueva realidad. Desde despertarme por mis propios medios hasta acostarme a la hora que me diera la gana, pasando por las responsabilidades de comer y vestir. Para entonces tenía un buen trabajo con un sueldo muy atractivo considerando mi soltería e independencia. Luego de mis gastos necesarios quedaba un buen colchón como para divertirme sanamente y con comodidad. Pero claro, había dejado en casa de mis padres otras mejores comodidades como el almuerzo preparado y servido en un plato con mi nombre (y no era que me tratasen como a perro sino que cada uno tenía su plato con nombre, el que usábamos para tapar la comida, para saber cuál calentábamos en el microondas), como tener las camisas planchadas a tiempo, como tener agua caliente todas las mañanas, como tener una alacena con víveres y productos de primera necesidad siempre al alcance, etc.
Cuando decides vivir solo todo este tipo de condiciones se mudan contigo para que las asumas personalmente y desde entonces te encargues de todo. Y es aquí donde incluyo en la lista las facilidades que tienes viviendo en casa familiar respecto a tu ropa y su disponibilidad.
 
Viviendo solo llegó un día en que, por ejemplo, no tenía calzoncillos limpios. Tenía entonces dos opciones, o me compraba en tira de a tres en Plaza Vea o me ponía los sucios al revés.
Otra veces para obligarme a comprar nuevos cogía los viejos, les buscaba el hueco que con el tiempo se les suele hacer por uso y desgaste, y los rasgaba de lado a lado para simplemente no tener calzoncillos e ir a comprarlos. Pero los nuevos también se ensuciaban y vuelta a empezar el círculo vicioso. Digamos que lo mismo pasaba con las medias. Pero ya con otras prendas era distinto... y la necesidad de vestir correctamente y no oler a percudido me llevó a convertirme en un obsesivo compulsivo de la ropa pulcra, libre de arrugas e impecable. 
 
De esta manera, hace mucho tiempo, me compré mi primer terno para el trabajo. Fue en el año 2002 aproximadamente. Al cabo de un tiempo cuando ya el saco y pantalón andaban solos decidí llevarlos a una famosa y prestigiosa lavandería. Dejé mi terno completo, me hicieron la boleta. Lo revisaron, me indicaron las manchas con las que las prendas estaban ingresando, etiquetaron mi atuendo y me pidieron regresar a los tres días. Todo dentro de un procedimiento muy interesante de atención y servicio al cliente... ya lo dije, se trataba de una prestigiosa Lavandería.
 
A los tres días regresé a recoger mi terno. Con mucha amabilidad una señorita solicitó mi boleta, ingresó a la tienda. Sacó mi casi smoking y lo colgó en un gancho para que lo auscultara literalmente de pies a cabeza o de basta a cuello. Lo hice muy rápido pensando que tanta ceremonia era sinónimo de perfección en el resultado. Agradecí, me agradecieron, incluso me obsequiaron un ticket donde se me permitía un lavado gratis de terno completo luego de mi cuarta visita. Parecía yo cliente exclusivo de El Corte Inglés con mi terno recién lavado que olía a más limpio que cuando lo compré.
 
Al llegar a mi casa decidí probármelo. Me quedaba pintado, excelente. Acomodé mis manos en los bolsillos del pantalón y frente al espejo me sentía John Holden. Luego acomodé las manos en lo bolsillos del saco y... ... ... y sentí una textura plástica. Tuve la sensación de que había cogido una envoltura de chocolate. Mi mente confirmó que se trataba de un artículo que evitara la humedad o algo por el estilo así es que decidí sacarlo. Y ahí parado, frente al espejo cual modelo de ternos y camisas Él me di con la sorpresa que de mi bolsillo del saco salió una tira de 3 condones. Sí, 3 preservativos bien selladitos. La envoltura era blanca sin marca alguna, tan solo un sello con la fecha de vencimiento de cada globito adornaba cada paquete (felizmente no habían vencido).
 
Entonces el prestigio de dicha Lavandería se cayó por los suelos porque lejos de que mi terno estaba "muy limpio" le había servido a algunos de los empleados de ahí para salir con su calentao el fin de semana para luego llevársela al Melody y campeonar. Lo más probable, claro, es que haya usado mi terno luego del lavado porque las envolturas de los profilácticos estaban intactas. 
Ni modo, me habían dado la oportunidad de revisar mi saco pero no lo hice, de nada servía regresar a hacer escándalo. Así es que dejé pasar el tema y olvidarlo.
Se supone que debería concluir diciendo que jamás regresé a dicha Lavandería por este motivo, pero no. Deje de ir, sí, pero otro motivo:
 
Pasó un tiempo y llevé un nuevo terno a esta lavandería. Ya había ganado un lugar en el mercado y abierto más tiendas por todos los distritos. La experiencia de los condones fue en Miraflores, pero la segunda fue en San Borja.
 
Llegué. Habían dos personas delante de mí por atenderse. Yo era el último de la fila. La cajera recibía la ropa de los clientes, la revisaba, hacía la boleta y culminaba su atención con una sonrisa más fingida que la de Nadine delante de periodistas. Pero noté que a las clientes, al despedirse la cajera les decía: "Quizá la próxima vez... vuelva pronto" Me llamó la atención y seguí esperando mi turno. Nuevamente escuché el mismo protocolo "Quizá la próxima vez... vuelva pronto". Casi estaba por llegar mi turno cuando escuché un sonido parecido al que hace una escobilla sobre el piso al restregarlo... ssshhh ssshhh ssshhh... Miré hacia atrás de donde provenía el sonido y se trataba del arrastrar de los pies de un anciano que lentamente se acercaba a la cola. El viejito, calculo, tendría unos 139 años más o menos. Arrugado como un papel crepé hecho bolita, delgado como un sorbete, encorvado como un signo de interrogación y lento como un caracolito con muletas. Ssshhh ssshhh ssshhh hacía su andar y lentamente se acercaba a mí. Se notaba que no tenía dentadura porque tenía los labios hundidos, probablemente los dientes estaban dentro de un vaso en su casa. Llevaba un pantalón a cuadros, un sobretodo marrón muy antiguo, una chalina de lana pura al cuello y era febrero. La señora que me antecedía se retiró, me tocaba a mí y decidí darle pase al ancianito. - Pase - le dije. Trató de decirme algo, abrió la boca, no emitió sonido alguno, trato de sonreír, un olor a sarcófago se apoderó del ambiente y con el lento ssshhh ssshhh ssshhh tomó mi lugar y se acercó al mostrador. Llevaba una bolsa más pequeña que la del Doctor Chapatín y de ahí sacó un par de trapos con intenso olor a naftalina que entregó a la señorita para su revisión y atención.
Como la atención demoraba me puse a pensar en el "Quizá la próxima vez... vuelva pronto", ¿por qué les dirían eso a todos los clientes?... Bueno, me enteraré cuando me toque.
Habían pasado 10 minutos y no terminaban de atender al viejo. Yo ya estaba un poco incómodo por la demora más aún habiendo cedido mi turno al vejete porque sabía que mi caso no hubiera demorado tanto. De todas maneras me cercioré si es que el señor no había estirado la pata en ese preciso momento ahí parado, pero no, seguía hablando y moviendo sus 4 trapitos.  
Me puse a pensar entonces en el departamento donde vivía. En mi cuarto y en la necesidad que tenía de comprarme un televisor porque mis domingos eran demasiado aburridos. Me imaginaba tirado en mi cama viendo tele todo el día pero lo que en ese entonces tenía era mi pared y punto. Debía comprar mi televisor pronto, de todas maneras, no podía ser que viviera solo y no tuviera televis... ... ... ... ¡PUM! sonó de pronto en toda la lavandería y el estallido hizo que se desvaneciera mi pensamiento. Del cielo caía pica pica, serpentinas y globos. Producto del sonoro ¡PUM! el viejo se agarraba el pecho y respiraba profundo. - No se asusté - Le dijo la chica detrás del mostrador. - Usted es nuestro cliente número 100 de la semana y estamos en una excelente promoción por aniversario que consiste en premiar a nuestros cada 100 clientes ¡¡¡Felicidades!!! - Todos aplaudían a Matusalén, salieron a abrazarlo y besarlo por el logro de ser el cliente 100 de esa semana. Cof cof cof tosía el viejo sin atinar a decir nada. En eso la empleada de la Lavandería sacó un Televisor Panasonic de 14 pulgadas y le dijo al anciano que ese era su regalo. Al viejo se le enderezó la joroba de alegría y el jorobado terminé siendo yo porque ese televisor era para mí porque yo era el cliente número 100 de esa semana pero que por buena gente había pasado a ser el 101... y me jodí. Ese era pues el motivo del trillado "Quizá la próxima vez... vuelva pronto".
Hasta dientes le aparecieron al cochito porque su sonrisa era de oreja a oreja. Se dio la vuelta y con el ssshhh ssshhh ssshhh en turbo salió de la tienda y ni me miró ni las gracias me dio porque gracias a mí, modestamente, él fue el 100 y se le hizo el día y yo fui el 101 porque le doné mi espacio, le doné mi triunfo, le doné mi momento y mi victoria, pero en un segundo mis posibilidades de ganar se redujeron a 0.
 
Ojalá, pensé, que cuando el viejito recoja su ropa limpia dentro de un par de días y llegue a su casa también encuentre en algún bolsillo 3 resistentes condones y no tenga otra alternativa que prepararse 3 marcianos de extracto de Uña de Gato para el reumatismo mientras ve Santa Natura en su televisor Panasonic de 14''
A él le donaron un televisor y mis dones fueron condones.
 
Moraleja: Cuando el andar de un anciano se siente, cede el paso CONDÓN de gente.