sábado, 30 de junio de 2012

YO SOY...

... probablemente un maniático o excéntrico. Y para poder determinar "qué soy" de casualidad una noche me lo dijo mi esposa precisamente cuando juntos veíamos por televisión un programa concurso que lleva el mismo título de esta publicación. Le dije - Amor, si yo fuera a ese programa, ¿quién sería?, si tengo que decir "Yo Soy"... ¿tú quién dirías que soy yo? - Muy sagaz ella respondió - ¡¿Quién eres?! Un loco maniático... eso es lo que eres - Y nos reímos mientras ella enumeraba mis "manías" que para mí son tan solo costumbres... 
Pero a medida que la conversación fluía, pensé si realmente Yo Soy un maniático tan solo por estas cosas que me atrevo a compartir:
  • Sólo yo debo planchar mi ropa, nadie más puede plancharla por mí porque siento que nadie puede darle la perfección necesaria al planchado. Cuando salimos en familia, sólo yo plancho la ropa de todos (la de mi esposa y la de mis hijos).
  • Mi esposa carga a los niños en la calle si es que se quedan dormidos. A mí me cuesta mucho hacerlo... la sensación de que mi ropa se arruga me altera.
  • Cuando voy a algún sitio sólo, debo bajarme del taxi o micro por lo menos 5 cuadras antes de mi destino, esto me ayuda a calcular el minuto exacto en que debo llegar a tocar la puerta, timbre o intercomunicador de la casa u oficina de la persona que me espera. En estricto, soy sumamente puntual. Nunca llego tarde. Bajarme antes me permite concentrarme en la reunión que estoy a punto de tener sea del tipo que sea. Aprovecho en ajustar el nudo de la corbata si lo amerita y limpiar mis zapatos si tuvieran alguna manchita.
  • Uso la corbata, correa y pasadores sumamente ajustados... ¡sumamente!... siento que esto me da seguridad. Constantemente me ajusto la corbata y la correa... ¡constantemente!
  • Cuando visto terno (prácticamente todos los días) uso doble media. Las típicas blancas de Educación Física primero y luego las de vestir, precisamente para que se cumpla el punto anterior de sentir ajustados los zapatos y además porque no tolero la sensación de las medias de vestir contra mi piel. Otra cosa, las cuatro medias deben estar sumamente estiradas... sí, las estiro constantemente también.
  • La punta de la corbata debe llegar precisamente a la altura de la hebilla de la correa, no más arriba, mucho menos más abajo. Puedo repetir el nudo de la corbata 15 veces si es necesario. ¿¿¿Por qué no dejo el nudo hecho con la medida lista??? Imposible, tengo que sí o sí desarmarlo por las noches cuando llego a casa.
  • No soporto las cebollas en la sopa. Verlas transparentes flotando en el caldo me da asco. Mis dientes rechinan... y esto sucede por la sencilla razón de que relaciono la cebolla en la sopa con uñas de loco y no, simplemente no puedo comerlas.
  • Debo ser el primero en la cola del cine. Siempre el primero. Al comprar la entrada pregunto el número de butacas de la sala y el número de personas que ya han comprado su entrada antes que yo. Hago una rápida estadística y soy el primero en la fila... probablemente hasta 30 minutos antes de que permitan la entrada a la sala. De lo contrario no la paso bien y mi esposa debe calmarme.
  • Ya dentro del cine debo buscar el asiento preciso que me dé la sensación de estar sentado exactamente donde mi mirada dé al mero centro de la pantalla (es por eso que debo entrar primero, para que no me ganen esta posición).
  • Leo, leo mucho... pero únicamente lo hago durante el camino de ida y vuelta al trabajo en el bus escuchando Radio Mágica (no puede ser otra emisora), de otra manera mi lectura no es placentera. Jamás leo en casa.
  • Siento mucha ansiedad y hasta pánico en lugares atiborrados de muchas personas en lugares cerrados. Quizá sea claustrofobia. Atino simplemente a irme... si voy acompañado, pues nos vamos todos ¡punto!.
  • Cuando salimos de paseo en familia, yo, y sólo yo, preparo el o los maletines de ropa. Previamente plancho toda la ropa que vamos a llevar y procuro guardarla milimétricamente ordenada. Puede que al primer intento no logre el orden que procuré, entonces saco todo y empiezo de cero.
  • Todo el año tengo calor, los 365 días... y este año 366. En la oficina pedí me cambien de sitio únicamente para estar debajo de la salida de aire acondicionado.
  • Si uso polos tipo piqué el cuello del polo debe quedar obligatoriamente pegado a mi cuello. Debo sentir la tela siempre junta a mi cuello. Si por alguna razón el diseño del cuello de este tipo de polos no me permite esta ventaja pues entonces no lo uso nunca.
  • Si olvidé ponerme el reloj, regreso de donde sea a casa para ponérmelo.
  • Uso un mismo corte de pelo desde hace mucho tiempo: Rapado. Tengo mi cortadora de pelo y yo personalmente me lo corto una vez al mes y no solo por comodidad sino porque siento que un peluquero no va a dejar exactamente todos mis pelitos del mismo tamaño. Yo sí puedo hacerlo pasando la máquina, tantas veces sea necesaria, por mi cabeza. Cortarme el pelo me toma aproximadamente una hora u hora y cuarto.
  • Cuando duermo debo taparme con la sábana o frazada hasta la altura de la frente dejando únicamente un ojo libre, de otra manera no concilio el sueño. 
  • Nunca duermo de domingo para lunes.
  • Tomo cerveza en vaso, tengo chops en casa para poder estar tranquilo. Nunca puedo tomar del mismo pico o de la lata. La sirvo en vaso siempre. Cuando vamos a la playa llevo mi chop.
  • Siempre... ¡siempre! como primero las papas y luego el pollo o la hamburguesa. Nunca simultáneamente. Las papas fritas las cojo de dos en dos. El pollo a la brasa lo como con cubiertos, imposible usar las manos directamente.
  • Hablo solo cuando camino... y en voz alta... y mirando al piso. A veces canto, también.
  • Cuando hablo por teléfono uso el fono como si fuera walkie talkie, así sea celular... ¡o fijo!.
  • Mi blog lo escribo a partir de las 00:00 hrs. Antes no me inspiro.
  • Veo películas en mi casa en las madrugadas, con audifonos enormes y a todo volumen.
  • Últimamente me he dado cuenta que no mastico la comida, la trago. Por eso termino de comer rápido. Al igual que mi madre, no tomo el jugo sino hasta haber terminado de comer.
  • Aboslutamente todas las noches debo comer algo dulce antes de dormir. Sin excepción.
  • Nunca en mi vida me he cortado las uñas de las manos con cortauñas, sencillamente me las arranco. Las de los pulgares me las como.
  • Cuando vamos a comprar ropa, mi esposa se encarga de la suya y la de los chicos. Previamente a pagarla reviso las costuras detenidamente centímetro por centímetro. La estiro y reviso que no tengo la mínima mancha o error de hechura.
  • Cuando es mi turno de comprar ropa para mí demoro muchísimo precisamente por lo indicado en el punto anterior. Por eso nunca me regalan ropa. Soy indeciso en este tema, puedo pasar mucho tiempo buscando algo para mí y por impaciente, me voy sin comprar nada.  
  • Abro los regalos sin romper el papel de regalo.  
  • Le tengo terror a los dientes picados y verlos me producen náuseas.
  • Probablemente 500 veces al día me froto la nariz con la mano izquierda.
  • Cuando me pica la garganta ¡¡¡me rasco la boca!!!... (esto a mi esposa la enerva).
  • En casa tengo estrictamente prohibido que cojan mis libros... (y pisen el jardín).
  • En mi escritorio no puedo hacer nada si todo lo que tengo no está estrictamente ordenado de manera milimétrica y alineada. De igual manera las cosas que guardo en mi cajón.
  • Nunca doy la hora si me la piden si es que antes no me saludaron. Incluso si me preguntan ¿disculpe, tiene hora?, digo SÍ y sigo mi camino.
  • Y para cerrar con broche de oro: Uso la truza encima de la camisa para que evitar que se salga del pantalón y todo el día esté perfectita... (y sé de muchos que hacen lo mismo porque ésto no se me ocurrió a mí).
Increíblemente esto no es todo pero debo terminar aquí... pero el hecho de sentir que puedo estar olvidando algo también me pone medio idiota. Sin embargo, siento que me ha servido este tipo de confesión como si se tratase de una terapia. Los invito a hacerlo. Les permitirá reírse de ustedes mismos y en algunos casos quizá tomar conciencia de qué cosas quizá puede que a otros les afecte de nuestro propio comportamiento... ¡bah!... no me hagan caso, sean ustedes mismos y diviértanse, como siempre digo.

Moraleja.- Nunca puedo obviar la moraleja de mis publicaciones, siento que no están debidamente finalizadas.



domingo, 17 de junio de 2012

¡¡¡ UN POCO DE CHO !!!

Sucedió en alguna semana del último verano un hecho agradable en mi vida, un hecho del que solo fui testigo por azar del destino. Una de esas cosas que siempre se vendrán a tu mente porque te enseñan algo valioso. Y todo lo que vale debe ser compartido y hasta practicado si es necesario. Y precisamente este tipo de situaciones (así pienso yo) suceden por algo más que una sencilla casualidad.

Por temas laborales tuve que ir al Centro de Lima. Eran las 11 de la mañana. El sol quemaba de forma incandescente, el tráfico agobiaba a cualquier peatón y el sonido de las bocinas de los autos ensordecían a todos. Suelo bajar tres o cuatro cuadras antes de mi destino para conocer los alrededores y así lo hice esta vez también; los motivos de esta extraña costumbre los podré contar en otra oportunidad.
De pronto algo llamó mi atención; en una esquina del angosto Jr. Washington, cuando el semáforo marcaba luz Roja, un joven apareció delante de los autos, hizo el anuncio de que iba a presentar un número artístico y luego comenzó su acto que duraba no más de 40 segundos. Luego, sonriente, fue tras las propinas producidas por la destreza de su talento. Por alguna razón lo vi repetir su disciplina un par de veces más y me encaminé a mi destino.
Demoré cerca de una hora en mi reunión y al salir nuevamente debí pasar por la misma esquina. Este muchacho seguía ahí, esperando el Rojo del semáforo y ofreciendo su rutina. Era agradable su presentación porque la hacía divertida. Entré a una tienda, compré un helado y mientras me refrescaba permanecí mirando una y otra vez su desempeño.

Lo peculiar era que todas las veces que se presentó ante tantos conductores desconocidos, la secuencia de su presentación era toda vez idéntica a la anterior, lo recuerdo de manera fotográfica porque, repito, fue valioso quedarme viendo a este peculiar personaje:

1.- El semáforo marcaba Alto y el muchacho se paraba en el cruce peatonal.
2.- Daba dos palmadas para animarse y animar a su público. Siempre sonriente
3.- Inmediatamente decía ¡Hola a Todos, ahora, Un Poco de Cho! (en clara referencia al Show que estaba a punto de ofrecer pero era claro que quizá la rutina repetida tantas veces resumió la palabra Show a Cho y eso hacía aún más dinámico su estilo y más característico).
4.- Tras otra palmada se paraba de manos y andaba de un lado a otro. 
5.- Luego daba la vuelta aún parado de manos y regresaba al punto inicial. Saltaba con las manos al piso dominando su equilibrio con mucha destreza.
6.- Finalmente se incorporaba de pie otra vez y agradecía la atención de su público con una reverencia y un saludo a todos... y claro, la gran sonrisa.
7.- Acto seguido se acercaba a los autos a cobrar su esfuerzo. En ese preciso instante el semáforo cambiaba a Verde.
8.- De algunos autos salían manos generosas, de otros la luna subía en el preciso momento que el joven pasaba  y de otros simplemente no había reacción. Pero la sonrisa del malabarista no cesaba.

El joven contaba su dinero, se acercaba a su canguro sujeto a una reja de una tienda abandonada. Tomaba agua y esperaba nuevamente hasta que el semáforo cambiara otra vez a rojo y ofrecía nuevamente "Un Poco de Cho"

Habrán sido máximo 15 las veces que lo vi en pleno desempeño de su habilidad. Me acerqué a un kiosco en la esquina a comprar un periódico para leer en mi regreso a la oficina pero no podía dejar de escuchar al joven decir ¡Un Poco de Cho!, y siempre con la misma energía y alegría, usar sus manos y su esfuerzo en ofrecer 40 segundos de deleite artístico para descansar un minuto y medio y estar listo nuevamente.
Le comenté al señor del kiosco que me parecía increíble que todo el día aquel joven se dedique a esa actividad y el señor me dijo que lo ve en esa esquina desde hacía varias semanas, hace lo mismo desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde aproximadamente. Pero cuando me dijo porqué lo hacía encontré ese valor que no se ve a simple vista pero que está ahí. Este chico se había enterado hace poco que iba a ser Papá, es estudiante universitario y no consigue empleo pero desde que se enteró de su paternidad busca la manera incansable de dignificar el nacimiento y el futuro de su hijo. Y lo hace sobre la base del esfuerzo puro, sobre la base de ampoyarse las manos sin sentir dolor... y claro, sobre el hirviendo pavimento de una mañana en Lima, de una mañana en Lima en verano, de una mañana en Lima en verano lidiando con el tráfico, de una mañana en Lima en verano lidiando con el tráfico pero sonriendo. Porque en cada palmada con la que se presenta se felicita por ser quien es. Porque con cada paso que da caminando con las manos sabe que no será fácil pero sí gratificante. Porque se enteró de la mejor noticia que un hombre puede recibir cuando le dicen "vas a ser papá". Porque quintuplica su esfuerzo para que su sonrisa sea también la de su entorno. Porque para demostrar dignamente y ser honrado con lo que hace y sentirse inmensamente feliz, este joven simplemente necesita saber que pronto tendrá a una criatura en sus manos que años después le dirá Papá y será su mejor orgullo. Porque su vida tiene un nuevo sentido y porque supo resumir su extraordinaria capacidad de amar, a través de Un Poco de Cho.

Tomé un taxi. El semáforo cambió a rojo. El muchacho hizo su extraordinaria rutina tal cual descrita líneas arriba y la aprecié por última vez. Se acercó a los autos. Cogí las monedas que tenía en mi bolsillo y le hice señas para que se acercara. Sonriente como en todo momento tomó las monedas y pidió a Dios que me bendiga. Fue al otro carro y también recibió un poco de dinero y también pidió a Dios bendiga a esa persona. Lo que significa que su acto termina ofreciendo su trabajo a Dios. Me di cuenta además, que es el único artista que cobra sus honorarios después de ofrecido el espectáculo, lo que demuestra aún más coraje y valor a su dedicación.

Y a decir verdad, mis hijos también hacen de mi vida un "Cho"... sí, un Show lleno de diversión, de alegría, de improvisación, de ocurrencia y de encanto. Los adoro más que a mi propia vida porque sin ellos no existirían los colores con los que decoran mis días todos los días. Es difícil ser Papá pero es la hazaña más bella que a mi vida se le ha permitido vivir.

Moraleja.- Si te afliges por un error que como Padre crees haber cometido, recuerda que Con Un Poco de Cho tus hijos lo harán olvido.

viernes, 8 de junio de 2012

BIENVENIDO SR. ASPERGER

Estimado Sr. Asperger, sea usted bienvenido a mi casa. Pase. Póngase cómodo. Ante todo quiero agradecer la gentileza de su visita y valorar su presencia. Debo admitir, sí, que al principio tuve temor de dejarlo entrar. Siempre dicen que ante alguien desconocido es mejor ser precavido pero admito también que me causó mucha confianza verlo llegar y eso también es digno de ser agradecido.
Tome asiento, Sr Asperger, por favor. Permítame servirle algo de tomar. Un vaso con agua por supuesto, qué mejor que lo natural y sano, ¿verdad?
Permítame tomar su equipaje, voy a guardarlo, luego le diré dónde va a descansar.

Es un placer tenerlo con nosotros, nos han hablado mucho acerca de usted y estamos muy emocionados que haya llegado, ya habrá tiempo de conocernos mucho más; por lo pronto conozca mi casa, le pido encarecidamente se acostumbre a ella. No tengo nada fuera de lo común, tan solo lo básico y necesario para llevar una vida decente y tranquila. Es usted nuestro inquilino y precisamente queremos que la convivencia sea lo más placentera posible. Mi casa es su casa como comunmente se dice en estos casos. Gracias por su puntualidad, por haber decidido llegar. Ya nos hemos organizado en familia y estamos dispuestos a que su presencia sea cómoda para todos.
No voy  a negar que el hecho de compartir nuestras costumbres con usted y viceversa pueda tornarse incómodo y complicado al principio, pero todo forma parte del proceso de adaptación al que poco a poco, estoy seguro, nos vamos a acostumbrar. Esperamos de todo corazón, comportarnos a la altura de sus expectativas y que este trabajo en equipo rinda los frutos que ambos buscamos.

Bien Sr. Asperger, ahora que ya hemos quebrado el hielo de la primera impresión, permítame ser transparente y expresar mi sentir auténtico; con esto pretendo comprenda que he aprendido a decir las cosas y no callarlas. Curiosamente al enterarme de su visita e indagar acerca de usted es que aprendí esa facultad. Le ruego no me malinterprete, voy a tratar de ser lo más claro posible porque entiendo que usted procesa todo relato de manera literal.
El día que me avisaron que usted llegaría a mi casa, me molesté. Mi decisión de formar una familia no incluía planes de agentes invasores. Disculpe usted si sueno ofensivo, no es en absoluto mi intención mortificarlo... déjeme continuar por favor. Sentí que no estaba preparado para albergar tan compleja presencia. Incluso, en mis momentos de desierto y silencio, sentía frustración y miedo. Y claro, cuestionaba que el destino me haya elegido a mí y no a otra familia quizá más capaz de entender este tipo de situaciones. Sin embargo hice una tregua con mis pensamientos y decidí conocerlo. Honestamente mientras iba sabiendo más de usted mi preocupación crecía pero la imagen que inicialmente proyecté fue cambiando. Digamos que poco a poco se acomodó y mi mente y corazón iniciaron una relación poderosa con el propósito de entender que en realidad nadie lo obligaba en venir sino que usted decidía llegar luego de elegirnos.
Esta manera de ver las circunstancias, junto a mi esposa y mis hijos, nos permiten ahora tenerlo dentro de nuestra casa y darle la más honesta bienvenida.

A decir verdad, es usted muy peculiar. Todo lo dice con genuina sinceridad, no es capaz de mentir. Es muy correcto y educado y sus emociones son horizontales. Sin embargo, me apena saber que es temeroso. Me duele saber que le cuesta hacer amigos y que prácticamente somos nosotros quienes mejor llegaremos a entenderlo. Me apena que su capacidad de frustación no encuentre la forma correcta de ser demostrada o canalizada. Pero pese a todo eso reitero mi gratitud por su presencia porque vamos a ayudarnos mutuamente.
Nosotros como familia, tenemos el compromiso de darle a su vida la mejor calidad y sobretodo el mejor buen humor, y, claro, con usted en casa todo el tiempo tenemos mucho que aprovechar y mucho más que aprender.

De usted aprenderemos a ver la vida de una manera más humana, más cristalina. Tendremos la oportunidad de conocer una nueva manifestación del amor. Tomados de la mano aprenderemos a que la sonrisa más perfecta no es la que se dibuja en el rostro sino la que se impregna en el corazón. Gracias a usted seremos capaces de respetar la diversidad de muchas personas que nos rodean y tantas veces son incomprendidas. Usted nos enseña mucho acerca de lo que significa Tolerancia y cómo se practica. Usted ha permitido que cerremos los ojos una noche entera y al abrirlos al amanecer, nuestro entorno tenga otro color y otro significado. Usted ha tenido la valentía de llorar y enseñarnos también a sentir nostalgia y pena. Ha sido sumamente eficaz al mostrarnos que también es necesario temer. Ha sido totalmente oportuno manifestar a través de un abrazo legítimo lo que significa la ternura y que esta manifestación no solo le corresponde a un género sino a todos por igual. Porque todos debemos ser tiernos siempre, con nuestros hijos, con nuestros padres. Con el prójimo. Usted me ha enseñado que aquello que veía insignificante tiene una razón de ser en el mundo; aprender esto ha sido una de las cosas más maravillosas que me han podido pasar. Lo admito y lo digo orgulloso: Soy una mejor persona gracias a que usted es una persona maravillosa.

Gracias por su elección. Gracias por permitirnos conocerlo. Gracias por tocar a mi puerta y considerar que en nuestra casa se sentirá cómodo. Nosotros haremos más de lo que esté a nuestro alcance para brindarle la comodidad que merece sin perder la órbita de ir enseñándole la realidad del mundo en que vivimos. 
Debo advertir y sé que me entenderá cuando digo que habrán momentos difíciles, duros, complicados. Incluso que me lleven a pensar que puedo claudicar pero créame que no lo haremos. La astucia de sus deducciones y el compromiso de nuestra tarea permitirán que sobrellevemos momentos de tensión y los convirtamos en puro aprendizaje. El hecho de que hoy usted esté aquí no es para nada mérito nuestro, al contrario, es bendición de Dios contar con su presencia porque me ayuda a ser un papá con temple, ayuda a mi esposa a ser una mamá invencible y ayuda a mis hijos a ser cómplices de cada etapa de sus vidas; hoy como niños siendo protectores el uno del otro, mañana como adultos siendo uno solo en todo momento. Todo esto lo ha logrado usted.
Siendo así, cómo no podríamos sentirnos dichosos de hacerlo miembro de nuestra familia.

Finalmente, Sr. Asperger, quiero que sepa que lo quiero mucho. Que voy a protegerlo con toda la fortaleza que tienen mis huesos, con todo el amor que me permite el corazón y con toda la inteligencia que me brinda la razón. Repito nuevamente, esta es su casa, gracias por venir. Si algo le incomóda hágamelo saber y por favor, como siempre le digo a mi familia y a mis amigos, vivamos en diversión, no hay mejor manera de disfrutar la vida que divirtiéndonos siempre.

Bievenido nuevamente Sr. Asperger.

 Dedicado a todos los seres humanos con Síndrome de Asperger, especialmente a mi hijo Mateo.

       



viernes, 18 de mayo de 2012

MI MÁS PÉSIMO SENTIDO PÉSAME

Que tire la primera piedra quien es capaz de decir que siempre todo le sale bien. Que nunca comete un desatino, que jamás ha hecho algo de lo que después no haya dicho "pero porqué hice esto" o que sus amigos no le hayan dicho "la cagaste... con todo". Ninguna piedra será lanzada, estoy seguro.
Pero eso es parte de nuestra propia naturaleza y por lo mismo no nos hace ni peores ni mejores personas pero sí nos caracteriza y hasta nos caricaturiza. Ese don que cada uno tiene para meter la pata es único. Puedo asegurar estadísticamente que lo que a uno siempre le pasa ya hasta por costumbre no es común en otro ser, de ninguna manera; tanto así como las famosas estadísticas médicas: Uno de cada cien mil varones nace con tal síndrome. Diez de cada doscientos mil mujeres nace con tal tema genético y así...

Por ejemplo: sé de un amigo en particular que siempre, siempre le pasa algo en la vida cotidiana. Todos quizá tenemos una rutina similar pero a este amigo siempre le tiene que suceder algo fuera de lo común, algo extraño en lo que puede o no estar involucrado pero finalmente algo le sucede. Sus experiencias son geniales.
Otro amigo muy querido siempre se lesiona cuando juega, por ejemplo. Siempre. No hay pichanga de la que no salga cojeando o con algo luxado, siempre le pasa algo.
Una amiga, otro ejemplo por ejemplo, cuando toma alguna cerveza u otro trago, al primer vaso ya está en otra galaxia; normal sería que ahí quede todo pero no. Siempre le sucede algo, pierde algo, le roban algo, algo le pasa que no le sucede al común de amigas borrachas que tiene.

En mi caso me ocurre algo, creo yo, demasiado particular. Es más, discrepando con mi propia introducción diría que es hasta extraño porque me sucede cuando no debería suceder. En el momento más inoportuno. En el momento preciso en donde debe primar la ecuanimidad y seriedad me pasa algo incontrolable y es que... soy una bestia para dar el pésame.

Me pasó una vez con la mamá de un amigo porque su esposo había muerto. Conocía poco a la señora. En el velorio me acerqué a ella, estaba destrozada. La saludé, la abracé y ella correspondió a mi saludo con mucho cariño. Entre sollozos me dijo "gracias hijito"... yo me quedé sin saber qué decir. Di un paso atrás... levanté los pulgares de mis manos en señal de aprobación al momento y le dije !Bacán! Ella me quedó mirando extrañada y yo con mis pulgares arriba iba retrocediendo sintiéndome cada más más imbécil. ¿Bacán?, por Dios, ¡¿qué tiene de bacán un momento como ese?!

En otra oportunidad, en el velorio de un pariente muy cercano de una amiga, nos reunimos todos para ir a verla. Muchos me advirtieron que no dijera nada, que simplemente me limitara a saludar con un abrazo y punto. Así lo hice, me acerqué a ella y la escena fue la misma que el caso anterior: nos abrazamos y ella no controlaba su sentir y lloraba. Algo tenía que decir y comencé a repetir "Todo está bien, todo está bien, todo está excelente... vas a ver, vas a ver... todo está excelente" Atrás, claro, el cajón guardaba los restos de la persona fallecida, muchas personas rodeaban el féretro. Todos muy apenados por la pérdida; niños vestidos de luto inclusive. El olor a las lágrimas y coronas tan peculiar de esas ocasiones, el barullo del rezo del rosario tan lastimero pero para mí todo estaba excelente y la estábamos pasando de la puta madre ¿no? En fin.

Pero sin duda dentro de tantas esta ha sido la más recordada por todos. Siempre me piden que la relate en las reuniones y bueno, aprovechando la ocasión, les detallo:

Pertenecí a un grupo juvenil parroquial donde viví una de las etapas más increíbles de mi vida. Ahí precisamente conocí a la mayoría de mis amigos que hasta hoy mantengo. También conocí a muchas personas valiosas, de otros grupos organizados de la misma parroquia. Entre ellas a una señora muy peculiar. Tendría 60 años cuando nos conocimos. Usaba un peinado peculiar, un maquillaje peculiar, un caminar peculiar y un estilo de la moda peculiar. Su voz era también muy peculiar. Las palabras las decía cuidando mucho la pronunciación. Su voz era muy aguda y ceremonial. Era muy devota. Me tenía mucha estima y yo era recíproco con su cariño. Me consideraba muy bien. Honestamente, la recuerdo con mucho aprecio. En dos ocasiones hice el papel de "Señora" en obras teatrales que preparábamos en la parroquia para diversos eventos y elaboraba mi personaje inspirado en ella. Fue muy celebrado.

Sucedió que la madre de esta señora falleció. Al día siguiente convocó a toda su familia y amigos a una misa de cuerpo presente. La señora se me acercó y me invitó a la conmemoración. Yo formaba parte de un coro con mis amigos. No cantaba muy bien pero tocaba la guitarra y habíamos hecho un buen grupo. Conversé con mis amigos y fuimos a la misa. La señora me había pedido que al momento de la comunión tocásemos una canción que ella me decía era la preferida de su mamá y que quería escucharla de todas maneras. La cantamos. Y es que las canciones de misa tienen ese efecto de quiebre tan imponente que no sería lo mismo una misa de esa naturaleza en silencio. Siempre la misa es más alegre con un canto triste.

Terminada la misa la señora se acerca a mí. Yo me levanto de la banca, una amiga tiene el cuidado de advertirme que me quede callado al momento del saludo que la señora pretendía darme (conociendo mis antecedentes de pésames antes relatados). Las manos me sudaban porque la presión era aún mayor. El templo estaba prácticamente vacío. Estaban mis amigos del coro ocupando dos bancas, algunos familiares de la señora al rededor, el sacerdote, los monaguillos y claro, el cuerpo presente.
La señora me abrazó con mucha fuerza casi al punto de quebrarme tres costillas. Le había emocionado mucho las canciones que tocamos. Y bueno, del primer sollozo pasó al llanto y yo mantuve el abrazo firme. Pude escuchar que me dijo "gracias Franquito" y yo, sintiendo que iba a decir la frase más precisa para el momento, sintiendo la seguridad de por fin haber solucionado mi problema, sintiendo la confianza absoluta de ganarme el cielo con mi sentido pésame, le dije: "Que se repita, señora"

De inmediato ella interrumpió el abrazo, me cogió de los hombros, me miró (en ese preciso segundo mis amigos del coro no tenían cómo impedir reir, algunos se tapaban la boca, otros se miraban entre sí y otros abandonaban el lugar con cierta prisa porque temían estar presente para lo que pudiera pasar). La señora me dijo ¡¿Que se repita, qué?!, y claro, me lo dijo con cierta incomididad, pero al menos me estaba dando la oportunidad de justificar mi comentario. Hice un titubeo medio estúpido y con cierto desparpajo considerando que lo que diría iba a ser suficiente para olvidar el impasse, agregué con total ánimo: "eh pues... este... mmmm... que se repita la invitación para estos casos cuando usted quiera, señora"

Y cada que cuento esta historia termino diciendo: "No entiendo cómo me libré de ese cachetadón tan merecido" Pero en fin, recuerdo que la señora sonrió. Dio media vuelta y se fue. No quiero sonar malicioso pero tiempo después me enteré que falleció... y no me invitaron al velorio.

Moraleja: Si me pides te acompañe al velorio de un ser querido y llego vestido de payaso, por favor no me juzgues.




viernes, 11 de mayo de 2012

MADRE NUTRICIA

Las personas tenemos una virtud o un don o una cualidad; no sé cómo describirlo o calificarlo, pero tenemos algo bendito que nos permite una serie de sensaciones y emociones tan especiales y particulares que forman parte de nuestra vida y nuestra historia quizá hasta por obligación. No creo que exista en el mundo una persona que no haya sentido por primera vez y celebrado ese sentir al haberse enamorado. Y es que el amor es el sentimiento sublime por excelencia. Nos aloca, nos subleva, nos rebela, nos incendia, nos motiva, nos deprime, nos reta, nos idealiza, nos marea, nos acompaña y en algunos casos, nos abandona. Pero así es el amor: ya lo dije, el más sublime de los sentimientos y lo más sentido de lo subliminal. Y dentro de este enredado concepto, aprovechando la compañía de esta noche, hago un alto a mi estilo de relatos anteriores para desnudar mi corazón y permitirme un sencillo homenaje a la compañera de mi vida, a mi pilar de apoyo, a mi esposita, a la madre de mis hijos bellos. En una sola palabra que ella sabrá entender perfectamente: A la Madre Nutricia (aprovechando este segundo domingo de mayo)

El último día del año 2004 estaba en el Sur recibiendo al 2005 con muchas emociones y nuevas expectativas. Brindando antes de las doce campanadas y entre chistes y cervezas, cruzaba innumerables mensajes de texto con la Madre Nutricia que estaba en Lima, en su casa, recibiendo el 2005 en familia. Éramos amigos, pero no los mejores, ni siquiera cariñosones. Pero desde un tiempo hasta ese momento nos agradaba mucho hacernos mutua compañía y sabíamos pasarla bien. Ella tenía sus motivos para temer iniciar una nueva relación y yo, con poca astucia había tratado de hacerla vencer ese temor, sin embargo no había apuro. Sabía que a mi regreso a Lima la buscaría y nada, conversaríamos y nos despediríamos con un beso en la mejilla como muchas noches antes, en la puerta de su casa. Y yo me iría por la vereda de al frente y ella me despediría desde su ventana. Cursi pero efectivo para cuando las famosas mariposas ya empiezan a revolotear.

Sin embargo, el escándalo de la llegada del 2005, la emoción de mis emociones. La nostalgia de no sentirme completo me hizo marcar su número una y otra vez. La llamada no hacía conección por la alta sobrecarga de llamadas a esa hora. Pero en el minuto 27 del primer día del año 2005 la llamada entró. "Hola" me dijo. Repetí la misma palabra y luego un silencio. Interrumpí el barullo de los pirotécnicos estallando y le dije: ¡Sabes qué, te lo digo de una vez, te amo! Sentía que los silbadores, cuetes, ratablancas y mamaratas festejaban mi valentía. Dijo algo pero un estruendo en el cielo no me dejó escuchar. Le pedí que repitiera lo que había dicho y gritó: "Yo también".

Desde ese momento contar lo sucedido hasta el día de hoy me tomaría exactamente los 7 años y 132 días que a la fecha estamos juntos. Pero esa es nuestra historia, es nuestra novela, es nuestra vida privada.

Lo que sí puedo hacer es agradecer todo ese tiempo en el que ella me ha permitido madurar, ser hombre, ser oyente, ser yo mismo, ser polemista y la más grande de las virtudes que he podido experimentar: Ser padre.

Pero me detengo en lo que veo en ella y lo que permite me pueda enamorar siempre, renovar mis votos en silencio y mi compromiso por ella. Aquello que me brinda la seguridad de ser feliz y contar con una felicidad inquebrantable: Su don de madre, de mujer y de esposa.
Es increíble ver como cada minuto del día está tan perfectamente organizado, incluso los que usamos para dormir, para que el día siguiente funcione como corresponde. Es impresionante como el caos se vuelve calma cuando ella interviene. Es estrictamente necesario intervenga en mis ideas para que todo marche como debiera y me permita ser parte de las suyas para que la comunión (común unión) funcione. Es hermoso ver como su sonrisa ilumina la mañana adelantándose a los primeros rayos del sol y su caricia arrulla convirtiéndose en el ángel de la guarda de los hombres de esta casa. Es reconfortante que sea mi cómplice en todo. Es una bendición que sea el engranaje más seguro de nuestra familia. No tendría yo la capacidad de hacer lo que ella hace y lo que no deja de hacer. Tiene el don de estar en varios lugares a la vez porque a ninguno de los tres nos falta nada. (Si olvido poner las llaves en mi pantalón, de pronto me doy cuenta que las puso en mi saco. Si mi hijo mayor no encuentra su lapiz en la cartuchera entonces lo encuentra en el compartimento secreto de su mochila. Si olvidó poner el tenedor en la lonchera de mi hijo menor, a la hora del refrigerio el tenedor llegará al nido envuelto en una servilleta de papel en el preciso momento que es necesario). Todo encaja, nada falla. Todo sucede de la mejor manera porque ella lo maneja. Porque ella asumió que nuestras vidas estén en sus manos. 

Cuando converso con Dios le pido me haga recordar el motivo por el cuál me ha recompensado con esta vida o en todo caso que me diga de una vez qué prueba pondrá en mi vida para asumirla en virtud de la vida que me permite.

Dentro de sus significados rescato los que describen Madre Nutricia a como ella es: La mujer que encuentra su realización en la función de Madre; Nutritiva, consoladora, proveedora y con mucha capacidad de servicio. Es generosa y se aflige mucho por aquellos a quienes ama. Ella es mi Alma Mater, mi Madre Nutricia. La compañera de mi vida.

Te amo mi vida: Amo cada paso que das, cada alegría que me regalas, cada grito que merezco y cada atención que me abruma. Amo tus pasos en la madrugada y tus leves ronquidos. Amo las llamadas que a veces dejo perdidas en mi teléfono (esto debo corregirlo) y amo más las que llego a contestar. Amo tu sazón en todo sentido. Amo como me amas y como amas a mis hijos. Amo que pensemos igual y amo igual cuando discrepas conmigo. Amo que abras la puerta cuando llego del trabajo y saltes de alegría porque podemos abrazarnos luego de un largo día. Amo tu cuidado experto. Amo tus besos y caricias. Amo tu cuerpo y volvernos uno. Amo tu perfume natural. Amo tus costumbres porque no son propias, has sabido hacerlas parte de todos. Amo tu mirada tierna y también cuando es inquisidora. Amo todo lo que viene pasando desde hace 7 años y 132 días. Y más aún, Amo sentir que me amas con tanto amor.

Feliz día de la madre (incluye a Mateo y Santiago en este abrazo público)

Moraleja:  Nunca dejes de decir "Te Amo" a quien siempre merece escucharlo.

P.d. Feliz día a todas las mamis que pasen por aquí.
 

viernes, 20 de abril de 2012

MIS CALATAS INOPORTUNAS

La Real Academia de la Lengua Española define "Moda" como: Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país; y el Perú es un país que adopta modas estacionales por motivos que sean necesarios lucir o imponer: Cortes de pelo que lucir, formas de hablar, formas de caminar, maneras de opinar, gestos que hacer, ropas que vestir, detalles que lucir, jergas que usar y cosas que comprar... es decir, infinidad de hechos, costumbres o alternativas que de pronto empiezan a proliferar por la ciudad y si no te contagias, estás en nada.
En los 90 se puso de moda una costumbre que ha logrado mantenerse vigente, como pocas, hasta el día de hoy. Se volvió tan trascendental que no existe año nuevo en que los kioscos itinerantes de la ciudad no amanezcan empapelados de los aún famosos "Calatarios". No son otra cosa que calendarios de las más reconocidas modelos y/o vedettes del medio local en sugerentes poses y locaciones que permiten ver cómo pasan los días y meses de una manera "didáctica" y alegre. En la medida que los meses van pasando, el atrevimiento sugerido de las fotos va en aumento y desde un inicio esto fue creando muchos más consumidores quienes en alguna oportunidad decoramos la puerta de nuestro cuarto con alguna preferida del momento.
No logro recordar quien fue la pionera de esta moda pero le siguieron muchas más y cada vez, para una mejor rentabilidad, mientras menos ropa usara la elegida más adeptos conseguían. Hasta el día de hoy me atrevo a decir que existen calendarios de este tipo muy artísticos y otros que ya lindan con lo pornográfico, pero felizmente mi relato no va por ahí.
Sí recuerdo haber comprado uno hace mucho tiempo atrás pero, valgan verdades más me acuerdo de la pose del trasero de la modelo repetido 12 veces que de su cara; efectivamente, compré un "calatario" pero no recuerdo de quién. Pero de que tuve uno por lo menos, lo tuve.

De un tiempo a esta parte cierto diario local, durante el mes de enero, regala un calendario de este tipo. No es grande como los que se cuelgan en los techos de las combis encima del chofer o dentro de los talleres mecánicos, al contrario, son láminas pequeñas que vas coleccionando durante el primer mes del año y al final del mes sale a la venta el soporte donde podrás acomodar tus 6 láminas (dos meses por lámina) y disfrutar el transcurrir del año en curso. Y de esto me enteré porque a inicios del año 2008 si mal no recuerdo compré ese periódico y oh sorpresa, me vino de regalo justo Enero y Febrero y en su contenido el cronograma de cuándo vendrían las chicas, bueno, los meses de marzo a diciembre para completar el juego. Y así, como jugando, llegué a completar el Calendario. Cada mes una modelo distinta y cada modelo un bikini más pequeño... respetuoso, pero pequeño. Bellas modelos que adornarían mi año completo. El problema era que no llegué a comprar el soporte para acomodarlo, y no lo hice en realidad a propósito porque en la oficina no lo podía tener y en casa no me dejaron; aquí tengo que conformarme con el que regala San Fernando todos los años.
Inmerso en mi colección de 12 modelos simpaticonas, guardé mis 6 láminas en un compartimento de una carpeta de cuero que uso en mi trabajo para llevar documentos cuando salgo a visitar a mis clientes. De cuando en cuando y para saber qué día era, recurría a la lámina correspondiente y pasaba mi dedo por encima de la imagen... no sean mal pensados, lo hacía para contar los días que faltaban para llegar a la fecha que estaba buscando. Así me acompañaron estas doce señoritas sonrientes y curvilíneas durante todo el año.
Habían pasado varios meses ya de ese año y de pronto tuve que programar visitar a una cliente a la Embajada de Venezuela. Preparé los documentos que debía llevar y había uno que no podía, bajo ningún motivo, arrugar o permitir que se maltrate. Entonces no tuve opción, saqué a mis chicas del compartimento secreto de mi carpeta de cuero, de mi portafolio, y guardé cuidadosamente el documento en ese mismo espacio. Estaba en la oficina así es que rápidamente guardé las láminas en mi cajón por debajo de muchos otros papeles... ya las retornaría a su lugar cuando regrese.
Llego a mi visita. Paso al hall principal de la Embajada de Venezuela, una sala enorme, preciosamente decorada e impecable. Luego de los sistemas de seguridad de rigor una señorita me pide que por favor espere sentado en el sofá, la persona a quien iba a buscar bajaría de inmediato. Me acomodé en el confortable sillón, ojeé algunas revistas venezolanas que habían sobre una mesa y nada, esperé simplemente a culminar el motivo de mi visita.
De pronto bajá la persona a quien fui a visitar. Una dama, una señora muy emperifollada en todo el sentido de la palabra. Días atrás nos habíamos conocido pero únicamente por teléfono. Tendría quizá 45 años y yo entonces 29. Muy cortésmente como suelo ser siempre para estas diligencias me puse de pie, la saludé, me invitó a tomar asiento, me ofreció algo para beber, pedí agua helada solamente y comenzamos nuestra conversación. Recuerdo que en la pared por donde estaba la escalera de madera enorme y rústica, a la altura del descanso para llegar al segundo piso, había un cuadro enorme con el rostro de Hugo Chávez, me llamó la atención mucho pero iba a ser muy inoportuno y hasta peligroso dar mi punto de vista sobre ese gobierno así es que comencé a llevar la conversación al objetivo final. Ofrecerle el servicio que estaba necesitando, entregarle el documento que estaba llevando, sacar su firma y retirarme.
Llegó el agua. Agradecí el gesto. Miré a mi interlocutora y dije - De acuerdo señora, aquí está el documento que debe firmar - cogí mi portafolio, cuidadosamente saqué el documento pero éste se había atascado al fondo del compartimento. La señora pidió ayudarme pero no se lo permití por temor a que de pronto estropeara el papel. Hice un mayor esfuerzo siempre con cuidado y luego de un tirón delicado finalmente salió... pero no salió solo, por supuesto que no. El bendito documento salió pegado a dos de las seis láminas de los calendarios dejando ante nuestros ojos dos culos prominentes y bien bronceados acompañados por el cuerpo de la chica a la que semejante poto pertenece quien sonriente nos miraba sin darnos opción a nada.
En los siguientes 7 segundos no sé qué pasó. Tan solo recuerdo sentir un hervor que nunca antes he sentido en mi rostro y un sudor en mis manos capaz de llenar dos bidones de agua. Sentía que el calzoncillo se hacía un nudo en mi entrepierna y mis labios temblaban porque no sabían si reír o hablar o cerrar mi boca. Desesperante. La señora también se enrojeció. Me miró, frunció el ceño y suspiró como búfalo que se siente amenazado. Yo cogí a mis calatitas y ofrecí disculpas pero sentía que lo decía en ruso o en chino mandarín porque me salían unos sonidos rarísimos. El estómago se me hundía porque el nerviosismo no me permitía regresar a las potonas a su famoso compartimento.
Lo que me calmó en modo sumo fue que la señora, quizá al ver mi grado de nerviosismo a punto de un colapso nervioso, me pidió que no me preocupara y sonrió. Yo también sonreí. Usé la excusa de que estaban ahí por error y que yo no sabía nada (son mis potos pero no sé nada... una cosa así), tomé un trago rápido de agua, contuve el eructo que se provocó porque de haber salido hubiera culminado peor la cita. Ofrecí disculpas por el hecho y el documento finalmente se firmó.
Salí de la embajada riendo como imbécil, tomé el taxi y saqué nuevamente las láminas, las aprecié por última vez, me despedí de ellas y se las regalé al taxista. Le dije que las conservara, que las abandonaba porque estaban castigadas porque habían sido muy inoportunas; total, en la oficina me quedaban ocho más... que, hoy en día, tampoco existen ya, tan solo en el recuerdo de este relato... y al recordarlo me divierto y me rio mucho, me rio solo y mucho porque la situación fue bastante particular y hasta diría, emocionante.

Moraleja: ¡Quien solo se ríe, de sus calatas se acuerda!


viernes, 13 de abril de 2012

EL HERMANO DE RAMBO

La infancia es la etapa que más rápido sucede en la vida pero la que nunca se olvida. Y nunca se olvida porque está llena de experiencias que en su totalidad son nuevas porque vives todo por primera vez. Como cuando eres bebé y das tu primer paso y la emoción de papá y mamá es única, esa misma emoción personal la vivimos cuando niños.

En el barrio, en el colegio, en la familia... en fin. Disfrutamos la infancia en todo lugar que nos corresponde vivir los años de aprendizaje de la vida pero al mismo tiempo el desinterés y despreocupación porque como niños para eso es que vivimos esta etapa. Es cuando atesoramos los mejores recuerdos de nuestra vida.

Todos los niños merecen ser niños y vivir a plenitud este momento. Todos, sin excepción.

Cuando dejé de ser niño decidí entonces no dejar de serlo y hasta el día de hoy me divierto como tal y eso me ayuda a tener más fresco el recuerdo de la cantidad de cosas que he vivido siempre. Y siempre fue emocionante esperar los sábados para acompañar, con mi hermano, a papá al trabajo. Él trabajaba en un almacén de aduanas en el Callao y los sábados cargaba con nosotros y pasábamos el día mirando lo que hacía. Se dedicaba a cumplir sus funciones y nosotros éramos pues, los hijos del jefe. Señor Benavides le decían para todo y nosotros, mi hermano y yo, sentíamos mucho orgullo y nos adueñábamos del lugar. Éramos los Señoritos Benavides entonces y nos trataban muy bien. Nos hicimos no sé si amigos de las personas que ahí trabajaban pero por lo menos sí siempre éramos naturalmente bienvenidos.

La oficina de papá quedaba al fondo de dos almacenes enormes, gigantes; tipo hangares. En su oficina había un sillón enorme, reclinable y la idea era llegar a él en primer lugar... tratar de abrir los cajones, jugar con los sellos, ver nuestras fotos que mantuvo siempre en su escritorio. Pero la diversión real estaba afuera, en el almacén enorme donde se apilaban cientos de miles de costales que contenían polietileno (http://www.plasticbages.com/polietileno.html), el juego libre era trepar por los costales, saltar de una pila a la otra a considerable altura y así, todo el día jugando a lo mismo e investigando todo lo demás que había en el almacén: Montacargas, patos hidráulicos, máquinas rarísimas, etc.

Papá usaba una camioneta pick up Nissan color crema que la empresa le proporcionaba. Una tarde, en el almacén, jugando a lo mismo de siempre entre las bolsas de polietileno y sin cansarnos, papá nos llamó. Ya era hora de irnos, subimos a la camioneta y fuimos hacia la puerta que daba a la calle para irnos a casa. Felices, contentos, cansados, enterrados y satisfechos. Antes salir papá paró el carro, bajó y se dirigió a algunos empleados para coordinar algunos trabajos para el fin de semana. Mi hermano y yo aprovechamos en bajar de la camioneta y sacar el mayor provecho de  los minutos de la conversación en seguir jugando. Papá regresó a la camioneta al cabo de unos minutos y nos dijo que debía regresar a la oficina porque había olvidado algo. Debido al largo trecho entre la puerta de salida y la oficina dentro del almacén haría el regreso en la camioneta. Nos pidió esperarlo ahí porque no demoraba.

Es aquí donde la historia comienza a destruir la absurda costumbre del final feliz de los cuentos de hadas.

Papá arrancó la camioneta, al primer rugir del motor mi hermano corrió hacia ella y sujetándose de la baranda posterior saltó al parachoques y de inmediato a la tolva. Yo, como todo hermano menor, secundé su hazaña e hice lo propio. Corrí, corrí un poco más, llegué a coger la baranda, salté al parachoques y luego a la tolva. Excelente, papá nos veía por el espejo retrovisor y estoy seguro que se divertía por ver nuestra diversión y "astucia".

Fue entonces cuando mi hermano, intrépidamente y con mucha precisión se paró, pasó una pierna por encima de la baranda y pisó el parachoques posterior, luego pasó la otra pierna y por poco grita ¡¡¡I'm the King of Wooooorld!!! pero en ese entonces esa frase aún no era famosa. Y así viajó un ratito dejándome ver su satisfacción y espíritu aventurero. Y para colmo de mi natural envidia por su capacidad de desafiar el peligro, dio un salto a la pista sin dejar de cogerse de la baranda y velozmente sus pies regresaron al parachoques, logrando nuevamente la estabilidad necesaria para ingresar otra vez a la tolva... me vio y me dijo "¡SOY RAMBO!"

La camioneta ya había alcanzado una velocidad promedio pero yo no podía dejar de vivir la experiencia de niño esa de la que tanto rollo digo al principio de este relato; y decidí hacer lo mismo.

Con igual precisión me cogí de la baranda, pasé las piernas y me paré en el parachoques. Papá continuaba manejando con su consabida concentración. Yo miraba hacia abajo y veía como pasaba la pista a velocidad, y entonces sucedió.

Salté hacia la pista y grité:

¡¡¡Y yo soy el hermano de Raaaambssggjtddgjjgijjsgggtsshshhhggrrt!!!

Asustado y sin reacción alguna sentí que mis pies, al tocar la pista, no lograron dominar el salto y tropecé y comencé a ser arrastrado por todo el almacén ya que estúpidamente no optaba por soltar las manos de la baranda y papá aparentemente dejó de ver por el retrovisor. Sentía como mis rodillas iban dando de botes por la pista, perdí las dos zapatillas y una media. Mi hermano, admitámoslo la escena era perfecta, se reía viendo la cara del hermano de Rambo en apuros. Lo irónico es que no me soltaba. Mientras más me aferraba a la baranda menos precisión tenía para pararme y lograr equilibrio. Continuó el derrapamiento de rodillas y el derramamiento de sangre. Rambo seguía riendo y aconsejaba al hermano de Rambo que se suelte. Yo recuerdo muy claramente la escena, mirando hacia arriba a mi hermano, o sea a Rambo, y tratando de entender que me pedía que me soltara. Y así lo hice, me solté y la ley de la inercia me hizo salir despedido hacia un lado dando vueltas sobre el pavimento quedando adolorido, asustado y muy contrariado.

La camioneta se alejó y yo, el estúpido hermano de Rambo, quedé a la deriva. Me puse en pie, fui por mis zapatillas y mi media y mi dedo gordo. Ubiqué un baño, entré, me lavé las rodillas con un agua turbia que salió de una ducha que lo único que hizo fue avivar el ardor y la infección. Mi polo estaba sucio completamente y mi short totalmente rasgado. Comencé a caminar cojeando hacia la oficina de papá pero él ya manejaba hacia mí y mi hermano lo acompañaba. Atolondrado por la experiencia me hice a un ladito, no vaya a ser que la intención sea atropellar al hermano de Rambo por huevón... pero no. Subí a la camioneta, conté mil veces mi súpergenial estupenda experiencia vivida esa tarde porque, claro, algo de valentía tenía que demostrar. Si bien mi versión mejorada distaba en algunos aspectos de la contada por mi hermano, hoy la recuerdo con mucho cariño porque finalmente eso pasó cuando niño, en familia... como debe ser, como debe ser la vida de todo niño; siempre a lado de papá, de sus hermanos y por supuesto de mamá, capaz de curar las heridas del hermano de Rambo con extraordinario amor.

Moraleja: No intentes ser como el hermano de Rambo porque Rambo ¡nunca tuvo hermanos!